Hablar sobre los poemas de Roca sería un exceso. Para saber de cada uno de sus ciegos, sus noches, sus escritores y pintores más queridos, con los que suele dialogar desde hace años, lo mejor es leer sin afán esta antología preparada por el poeta. En los monólogos hay que detenerse especialmente. Son la prueba de que Roca es el indicado para hablar por hombres y mujeres que no lo pueden hacer. O por los muertos: "La ciudad que me rodea / Y se duplica en los charcos de la lluvia / Tiene un ropaje de sombras. / El viento que viene del páramo de Cruz Verde / Con su negro levitón nocturno / Rasguña los vitrales de la casa, / Se cuela en los campanarios / Golpea / Los aldabones de bronce de la Candelaria. / Ese viento, mi alma es ese viento". (Monólogo de José Asunción Silva).

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