Antes de la Bogotá desbordada existió la Bogotá enferma, la precaria, la aldeana. Una Bogotá de novelista eslavo (por alguna extraña razón Dostoievski la menciona en uno de sus libros, la intuyó sin tener mayor conocimiento). Esa es la ciudad que ocupa a Gonzalo Mallarino. Sin el melodrama insoportable de escritores como Osorio Lizarazo, un olvidado bogotano que bebió de los rusos hasta quedar embriagado, Mallarino cuenta en una tensa primera persona la historia de Alicia Piñedo, una joven médica que vive esa ciudad barrial en tránsito hacia una supuesta modernidad. Lo hace con un logrado fraseo corto, envolvente, algo hipnótico, tan afiebrado como los males que trata de contener la doctora Piñedo. La segunda entrega de una trilogía en la que Mallarino devela con maestría la Bogotá infecta y de eterno cielo plomizo de las primeras cinco décadas del siglo XX.
Gonzalo Mallarino Flórez
Alfaguara
269 páginas

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