Un vergonzoso episodio de la historia colombiana inspiró la tercera novela de Vásquez.
Los informantes
Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara
402 páginas

El Hotel Sabaneta quedaba en Fusagasugá. Su dueño, un español de apellido Palau, se lo arrendó al Estado para que en él fueran confinados los alemanes, italianos y japoneses residentes en el país. El hecho de provenir de uno de los miembros del Eje era motivo suficiente para inscribirlos en una lista negra y apresarlos.
Al Carlos Reger le fue asignada una habitación que compartió con otras tres personas. La alcoba estaba equipada con un armario, una mesa de noche, un escritorio y dos asientos. Pagaba por la noche 3,25 pesos, y por servicios de lavado y planchado 2,50.
Vásquez se vale de ese oscuro periodo en el que funcionó el campo de reclusión en Fusa para componer la trama de su tercer novela. Gabriel Santoro es un periodista que ha escrito un libro-reportaje sobre el Hotel Sabaneta y sus ocupantes. Su propio padre lo reseñó en un periódico y lo destrozó con virulencia. ¿Por qué? ¿Qué pedazo de su vida se cruzaba con la de Sara Guterman, la protagonista del libro de su hijo? Vásquez, dueño de un estilo mesurado y efectivo, anclado con firmeza en aquel episodio vergonzoso de la historia de Colombia, dosifica el misterio a través de las 400 páginas con las que alcanza su madurez literaria.

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