Sexualidad de la Pantera Rosa
Efraim Medina Reyes
Seix Barral
Biblioteca Breve

Qué se puede esperar de una novela de Efraím Medina. Más de lo mismo: un protagonista holgazán, azotacalles, amante de gordas y mujeres de corazones dentados, hecho de canciones, con veleidades de compositor y muy pocas certezas. Pero eso es precisamente lo bueno de Sexualidad de la pantera rosa: Medina tiene un mundo definido y no renuncia a él. Es el mismo de sus anteriores novelas, pero aquí se nos presenta aceitado, vibrante, sin tantas distracciones formales como en Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, y con la rabia y el humor bizarro de Érase el amor pero tuve que matarlo, pero más afinados. Y quizás el mayor acierto: evita que el personaje central soporte toda la acción y se dedica a crear personajes tan atractivos como un predicador con el alma atormentada, un poeta cuya única compañía en las noches es un radio, un matón viejo y una amorosa lesbiana. La última parte, que sucede en París, es algo aburrida en comparación al resto de la novela. Medina tiene una salida (cuando no): "No podía ser de otra manera. París ES aburrida".

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.