¿Qué hacer con los poetas que aún tienen la indecencia de "lavar sexos de frutos taciturnos o de errantes embriagarse como condenados"? Encerrarlos en una finca de recreo y que altavoces les den de su propia medicina, que les lean sus atrevimientos. El del reciente premio de poesía Ciudad de Bogotá es este: "¿Qué equipo compró mi pase?/ Aunque hago goles olímpicos/ autogoles de media chalaca/ no juego para la fanaticada/ prefiero quedarme en la banca con un esguince de alma/ tengo miedo de ese gran entusiasmo vacío/ de la muchedumbre solitaria después de los aplausos". Si en Antioquia se negaron a dar plata del erario para la preparación de una reina, en Bogotá no deberíamos permitir que nuestros impuestos paguen la publicación de cualquier tontería o ripio disfrazado de poema.
Mauricio Contreras Hernández
IDCT
74 páginas

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