Quiso ser músico y terminó de crítico musical, para luego escribir una novela sobre el tema. Mejor dicho, la vida de Juan Carlos Garay
es un viaje de la plenitud del sonido al silencio de las palabras impresas.
Extraño destino para alguien que de niño soñaba con ser guitarrista. Más ironía todavía: hay un increíble parecido entre el autor y Glen
Graham, baterista del desaparecido grupo Blind Melon.
La nostalgia del melómano podría ser el título perfecto para una autobiografía, pero Garay
se ha adelantado al tiempo y con apenas 31 años a cuestas ya ha sacado la obra cuyo nombre define
el estado natural de sus días. Historia llena de minucias: datos musicales superiores al conocimiento promedio, movimientos de transeúntes en las calles y muchas cavilaciones de su protagonista, Francisco Talavera. Todo esto
enmarcado en la búsqueda de una rara grabación realizada por Cheo Feliciano y Eric Clapton en 1974, año del nacimiento de Garay.

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