El alemán Sebald escribía -murió en un accidente en el 2001- desde una esquina muy clara: la errancia, que en su caso terminó por convertirse en destierro (vivió desde los años setenta en Inglaterra). Lo dijo en una entrevista al diario El País seis meses antes de morir: "(En Alemania) se me acepta de inmediato, pero en mi propia recepción de esta aceptación siempre hay un problema, algo que no va. Al mismo tiempo, desde luego, tampoco puedo afirmar que mi casa sea Inglaterra. Allí me siento igualmente extraterritorial. Es una buena predisposición para la escritura, pero también una carga, que, con el tiempo, se vuelve cada vez más pesada (…) Me he convertido en algo así como una existencia ambulante y encaro con cierto pánico lo que me resta de vida". Su libro Los emigrados, denso, sobrio y memorioso, que Susan Sontag calificó de sublime, a través de cuatro historias habla como ninguno de esta condición errante que lo convirtió en un hombre extremadamente melancólico en sus últimos días.

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