Que un joven poeta publique su primer libro en una editorial independiente es otra historia. ¿Pero juntar la plata para la edición, creer con la fe aún intacta en la palabra y haber leído a César Vallejo lo eximen? La juventud no puede ser una coartada. Y si se publican poemas en mitad de los veinte años hay que hacer lo de Borges, negar la existencia de ese libro para siempre. Sólo queda gritar, obra de Felipe Martínez Pinzón, tiene el mérito y el problema de todo primer libro: romper el silencio. ¿Vale la pena oírlo? Si se leen ciertos versos, sí ("No le tengo miedo al jazz/ a pesar de que alguien a mi lado/ acaba de caer fulminado/ muerto encima de su vaso/ boqueando en la ginebra,/ aplastado por el piano y sus fríos hilos/"). Otros nos alejan irremediablemente: "Me resisto, carajo, con esa resistencia nuestra de tendones". Si el poeta decide soltar un insulto en medio de un poema lo hace, pero jamás suelta un desabrido carajo.
Felipe Martínez Pinzón
Común Presencia Editores
89 páginas

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