En Colombia se conoció a este poeta, ensayista y director de una funeraria gracias a su libro El enterrador. Este nuevo tomo de ensayos nos recuerda por qué su escritura es la de un privilegiado. La manera de entrelazar anécdotas referentes a su trabajo, en apariencia ligeras si se tiene en cuenta que todas se refieren a la muerte, es una forma de preparar al lector para el tema de fondo: nuestros seres más queridos van a desaparecer y tendremos que lidiar con el inmenso dolor de su pérdida. ¿Cómo hacerlo? Lynch no tiene una fórmula. Su forma de abordar el asunto es una suerte de bálsamo. Veamos: "Se trata de un poema breve, desgarrador y, sin embargo, un canto a la vida. Un padre adolorido intenta explicarle la muerte a su difunta hija, diez años después de que ella ha sido enterrada: Katherine, estamos muertos".

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