Al hablar de televisión ochentera, cómo olvidar a Alf y a Los Magníficos. El primero era un pequeño extraterrestre que aterrizó en la Tierra por equivocación para cambiarle la vida a una sola familia, y el segundo era una serie sobre unos ex militares que eran perseguidos por la justicia por crímenes que no cometieron aunque se la pasaban ayudando a la "gente buena". Y dentro de estos programas creo que no hubo un par de personajes más distintos que Mario Baracus, un terrícola fortachón, y Alf, obviamente. Pero puedo decir con orgullo que desde dentro de mi garganta ambos convivían sin ningún problema.

Desde pequeño empecé a explotar el don de la imitación de voces que Dios me dio. Imitaba a mis amigos, a los profesores y a algunos personajes de las tiras cómicas con las que crecí, como Topo Gigio. Fui creciendo, hice mis pinitos en comerciales y, en 1984, RCN me llamó para hacer una prueba para doblar la voz de estos dos personajes. Había que tomar como modelo la voz de un imitador mexicano para descifrar el tono y parte de la personalidad de cada uno.

De inmediato me sentí identificado con ambos, Baracus con una voz tosca y su ceño fruncido todo el tiempo, mientras que Alf con la ternura de siempre y una expresión de picardía e ironía, pero igual con su voz ronca. De inmediato me dieron el contrato. Doblé sus voces por varios años, y con el tiempo ya no necesitaba ver la imagen y hacíamos el trabajo en voz en off. Ya tenía el tono de ambos calcado en mis cuerdas vocales.

La noticia de que yo era la voz detrás de la imagen de Mr. T y el alien de Alf se conoció en diferentes instancias y me empezaron a invitar a eventos y fiestas para entretener a los niños. Muchas veces armé escenas en las que Alf hablaba con el rudo hombre de Los Magníficos y eso tuvo mucho éxito.

Los pequeños de ese entonces gozaban cuando en medio de una piñata mi voz irrumpía en medio del mago de turno para decirles " Hola muchachos, han visto a Bryan? ¡Qué tardes aquellas! Ni qué decir de aquellos más precoces que pretendían indagar dentro de mi boca para mirar si Alf estaba escondido dentro.

Con Mario Baracus como icono visual, RCN utilizó mi voz para una campaña contra la droga. Mr. T, o sea yo, daba consejos para evitar que la juventud cayera en esa trampa. Baracus ya dejó de ser Magnífico y Alf debe estar en otra galaxia, y mi voz no solo los sigue recordando de vez en cuando, sino también imitando a otros personajes que también han alcanzado cierta fama. Extraño mucho esa época ochentera en que me daba el lujo de ser uno de ellos en la pantalla chica.

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