Conseguir los 10 mil para salir a rumbear en bachillerato no era fácil. De hecho, en vacaciones, los trabajos en almacenes como Jeans & Jackets cuadraron el bolsillo de más de uno de mis amigos, primos y obviamente el mío. Para la época los concurso eran el boom del momento como el que se emitía todos los domingos en la mañana cuyo nombre era Dominguísimo, en el cual Jota Mario Valencia acostumbraba a ridiculizar no solo a los concursantes, sino también al público.

Cualquier día, mientras estábamos con mis amigos del colegio, se acercó a nosotros un personaje que nos invitó a la grabación de uno de los concursos más sonados del momento para los jóvenes desparejados y varados como yo: Soltero sin compromiso que hacía parte del programa de Jota Mario. En principio la propuesta era que eligiéramos tres amigos y tres amigas para que de esta forma garantizáramos que el premio se quedara en "casa". Finalmente nos decidimos, teniendo claro que "lo importante es la personalidad", como lo afirmó tan prestigioso animador.

Más nos demoramos en llegar al set, cuando ya estaban anunciando mi nombre para que saliera a la "luz pública" a exponer mis argumentos de galán juvenil, argumentos que hoy, cuando reviso la grabación, no encuentro por ningún lado.Mota de pelo ochentera, jean entubado, saco tejido en hilo y ciertas secuelas de acné que hablaban de mi fogosa juventud.Los rivales tenían sus argumentos, pero estaba confiado que con los míos podría convencer a esa cantidad de "nenas" que esperaban el anuncio de Jota Mario para dar sus "vivas" o sus chiflidos.

Realmente eran dos salidas para la votación del público, la primera con pinta formal (corbata) para lo cual fue necesario armar el "bocadillo", acudiendo al clóset de mi padre para buscar el mejor saco, pantalón, camisa, corbata y así intentar descrestar de "ejecutivo" ante tan prestigioso público. Mi madre, por supuesto, el día anterior cogió dobladillo, ajustó cintura, arregló el largo de la manga; y mi padre me empacó la corbata con el nudo hecho porque de eso no tenía ni idea. De alguna forma siento que mis padres pensaron que este era mi salto a la fama. En esta primera salida, Elsy Méndez (presentadora costeña invitada a la animación del programa) me preguntó mis aficiones y mis gustos por las mujeres de la época, preguntas que previamente nos habían soplado los productores. A la primera respondí con seguridad que los deportes eran mi principal afición y, a la segunda, que si tuviera la oportunidad, sin duda prefería a Margarita Rosa de Francisco para que fuera mi esposa sobre la escultural Amparo Grisales, las cuales eran las divas del momento, ¡y las únicas!

La segunda salida tenía la intención de reivindicar a los concursantes de su primera salida en falso, ya vestido informal. Las mujeres que participaban con nosotros para ganar el voto del público varonil eran las mamacitas de la época: copete Alf, falda larga en hilo y un maquillaje excesivo que buscaba resaltar las facciones tímidas de su adolescencia. Nada de escotes, ombligueras ni los descaderados de hoy.Confieso que no ganó la que yo quería que ganara. Si así hubiera sido, estaba seguro de que iba a dejar de ser el soltero sin compromiso para convertirme en el "novio chévere" y participar en otro concurso que llevaba este nombre.

Luego de aguantar los comentarios del público, los aplausos, las rechiflas, la acostumbrada arrogancia de Jota Mario y la medición del "bullómetro" (sofisticado aparato tecnológico del momento para medir la emoción del público), salí elegido, no sin antes bailar con Érika, la elegida, la famosa canción Colombia, tierra querida. La bailada no podía ser diferente a la canción, mano izquierda en alto, paso adelante y paso atrás y varias vueltas para que el público viera que ya "nos estábamos entendiendo". Sin embargo, cuando nos preguntaron que cómo nos habíamos solo dije: "Más o menos bien". El murmullo del público no se hizo esperar y la cara de sorpresa de la feliz ganadora tampoco.

Esta victoria trajo consecuencias que nunca sospeché, tales como oír el coro de amigos y enemigos de colegio cantando: "Soltero, soltero, soltero sin compromiso..." en cada recreo, o un "mejoró" o "empeoró", comentarios que hacía el público en el programa. No salí de la "olla" con los 300 mil pesos que gané porque tuve que repartirlos entre el combo de amigos con los que participamos. Tampoco conquisté a la concursante que me gustó y mucho menos me comprometí con Érika, mi compañera de victoria.

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