La historia del rock en Colombia se partió en dos a partir de la realización del primer concierto de conciertos "Bogotá en Armonía", en 1988. La idea de hacer un evento de esta magnitud nació en un baño de la discoteca Keops, en 1987. Esa noche entablé una tertulia con Felipe Santos y llegamos a la conclusión de que teníamos que hacer algo con el rock en español, que estaba en auge en la emisora 88.9. Decidimos contactar a Armín Torres, el empresario más famoso de la época en el país, y quien, sin duda, fue pieza fundamental para el éxito del concierto.

Decidimos hacer una mezcla de rock y pop en español con los cantantes más populares de balada, como Franco de Vita y José Feliciano. Al final, la lista quedó conformada por estas dos estrellas latinas junto con Pasaporte y Compañía Ilimitada, de Colombia; el grupo Océano, de Panamá; Timbiriche, de México; Toreros Muertos, de España; Los Prisioneros, de Chile; Yordano, de Venezuela, y el argentino Miguel Mateos, quien sin duda era el más roquero de todos.

El proyecto estaba en marcha. Yo me fui para Coca-Cola para gestionar todo lo relacionado con el patrocinio, y Felipe Santos se ocupó de manejar toda la gestión con la Alcaldía de Bogotá, en cabeza de Andrés Pastrana, para los permisos y el préstamo del estadio El Campín. Ahí empezamos a tener problemas. Nosotros argumentamos que el estadio era el escenario idóneo para el concierto y de inmediato todos los periodistas del fútbol se nos vinieron encima con sus críticas.

El día del concierto, el sábado 16 de septiembre de 1988, desde la una de la tarde había gente haciendo cola para ingresar al Campín. A las 3:30 teníamos 65 mil personas que llenaron el aforo del estadio y su gramilla. La tarima estaba ubicada contra la tribuna de sur, mientras que la principal puerta de emergencia quedó en la tribuna de norte. Nunca se había hecho un concierto así de grande en el país, la Policía nos apoyó bastante y desplegó un operativo de seguridad que rindió sus frutos.

Lo de la gramilla seguía siendo un problema. Nosotros trajimos desde Venezuela un tapete especial para protegerla, pero no sirvió de mucho. Cuando el frío empezó a calar en los huesos de los jóvenes, los pelados empezaron a arroparse con el tapete. Incluso hubo denuncias de 'cosas' que pasaron en la gramilla. Y es verdad: hubo sexo. Recuerdo un titular de un periódico capitalino que al otro día apareció: "Se fumaron hasta la grama".

El concierto lo abrió Pasaporte con Elsa como cantante y nunca se me olvida que lo primero que dijo fue: "¡Del putas, Bogotá!". Todo empezó bien a las cinco de la tarde ,y después siguieron Compañía Ilimitada, Océano, Franco de Vita, y Timbiriche. Como organizador y principal cabeza de 88.9 me tocó correr y desplazarme por todo lado para darles circulación a los artistas. Mi función era solucionar problemas. Ese día, la transmisión de radio la hicimos con Armando 'el Chupo' Plata y un grupo de DJ nuevos, como Jorge Marín, Andrés Nieto, Alejandro Villalobos y Tulio Zuluaga, quienes me ayudaron ese día y no paramos de emitir la señal durante todo el evento. Fue grandioso.

El camerino de todos los artistas, ya que solo acondicionamos uno, era el que normalmente ocupa Independiente Santa Fe. El de Millonarios no se pudo usar por problemas de comunicación. Los primeros que llegaron fueron los artistas colombianos, ellos cantaban y luego se metían entre el público o se iban del estadio. Nadie se podía quedar a hacer vida social.

Había que despachar a los cantantes y hubo un momento en que teníamos una congestión de artistas en el camerino. Estaban apretados, pero en una muy buena tónica. Había refrigerios, comida, bebidas, trago y nada más. De eso puedo dar fe, los artistas que tuvimos no consumieron drogas, porque no era tan aceptable y siempre hubo policía frente al camerino. Con Toreros Muertos no tuvimos control con Pablo Carbonell, el cantante. Él estuvo por fuera del estadio, llegó, cantó y se fue. Ni idea si metió droga.

Muchos de los grupos que se presentaron, como Los Prisioneros, no pudieron ensayar ni hacer pruebas de sonido. Ellos se bajaron del avión directamente a la tarima a tocar. Había desorden, Franco de Vita y José Feliciano se alargaron en sus presentaciones y eso causó un caos. Por ejemplo, Miguel Mateos, que debía tocar a la una de la mañana, terminó presentándose a las cinco. Él esperó mucho tiempo en el hotel, llegó al camerino, estaba furioso y cuestionaba la organización. Salió al escenario y con rabia dijo esa celebre frase: "¿Qué quieren, qué quieren, qué es lo que quieren, carajo?". Amaneció y en el estadio quedaban 35 mil personas, fue muy hermoso cuando Miguel Mateos mandó a bajar la gente que estaba en las graderías.

A las 6:30 de la mañana terminó el concierto, pero para los organizadores empezó un arduo trabajo, ya que había que entregar el estadio y había partido de fútbol a las 3:30 de la tarde. Ese día, los jugadores estuvieron en un barrizal por el pésimo estado de la gramilla. Una parte de las ganancias del concierto se invirtió en el arreglo de la grama.

Hoy siento que se hizo algo importante en equipo con Felipe Santos y Armín Torres. Fue el comienzo grande del rock en español en Colombia.Lo disfruté mucho, totalmente, fue la culminación de un esfuerzo de siete meses y ver a la gente pasando bien fue grandioso.

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