Mi casa, a una cuadra de la Universidad de los Andes, se construyó en 1732 y acá vivo con mi familia hace 43 años. Es un lugar lleno de historia, fue una de las primeras chicherías que se fundaron en Bogotá; poetas como José Asunción Silva y Vargas Vila venían a tomar chicha a este sitio. Pero, sin duda, el hecho que marcó la historia de mi hogar fue el de haber sido el lugar seleccionado para filmar Don Chinche, un programa que consiguió los más altos puntos de rating gracias a personajes inolvidables que nos emocionaban todos los domingos a las 7:30 de la noche. Un día de 1983, Pepe Sánchez, el director, se apareció en la puerta de mi casa para pedirme permiso de filmar aquí. A partir de ese instante nuestra vida cambió. Con mi esposa nos convertimos en una parte esencial del andamiaje del mundo de la señorita Elvia, Eutimio Pastrana, la paisa Rosalbita, el doctor Pardito y la inolvidable lora Pastora. Todos ellos eran muy especiales, mi casa se convirtió en la casa de ellos y de todos los camarógrafos, asistentes y maquilladores. Acá comían, usaban el baño, era el lugar de tertulia de todos y también nos tomábamos las polas de rigor con Jorge Veloza, 'el Culebro' Casanova y Don Chinche.

Fue tanta la unión que con el paso de los capítulos mi esposa y yo nos convertimos en parte del elenco como los dueños de la tienda en la que Don Chinche iba a fiar el salchichón y el pan. Siempre nos pagaron bien y cumplido por usar nuestra casa, en eso fueron muy serios y no sobra decir que esa platica sirvió.

Pero lo bueno se acaba y un día el carranguero Jorge Velosa dijo: "!Adiós pariente!" y nos anunció que la producción llegaba a su fin y Don Chinche se iba del barrio. Nos pusimos muy tristes, nuestra casa se quedó vacía y ese mundo de la televisión se quedó en el viejo aparato que tenemos en nuestro cuarto.

Una vez me enfermé y todos fueron a visitarme al hospital. Hoy, el peso del progreso quiere avasallarnos y nos quieren demoler esta casa llena de historia. Para mitigar mis tristezas les doy de comer a las palomas y nadie me quita el recuerdo de los chistes de Don Chinche, la alegría de Eutimio Polanía y las buenas tertulias con Pepe Sánchez.

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