El artista de salsa que más me ha influenciado es Bobby Cruz, el cantante puertorriqueño que hizo dupla histórica con el pianista Richie Ray. A él lo conocí siendo yo muy joven, en Nueva York. La emoción de escucharlo en vivo por primera vez fue indescriptible. La canción que todo el mundo debería conservar de él como un tesoro es Bomba camará. Hoy nos hablamos mucho y somos grandes amigos. Cuento con la alegría de saber que a él también le gustan mis canciones.

Tengo la tristeza de no haber logrado grabar junto a Celia Cruz. Sé que ella también manifestó su interés en que hiciéramos algo juntos en disco, pero los contratos con nuestras disqueras nos impidieron hacerlo. Por fortuna, muchas veces ella me requirió para que cantáramos juntos en tarima. Hay quienes dicen que mi voz se asemeja a la de ella en ocasiones, y ponen como ejemplo mi tema Por ti no moriré. Algo de eso es cierto.

No puedo dar muchas referencias sobre la salsa actual, más allá de decir que en la última década el panorama ha mejorado mucho. Y no puedo dar referencias porque yo solo escucho la salsa viejita y el son, el sonido de los grandes maestros. En el momento en que me pongo a componer y escucho las canciones ya grabadas, normalmente descubro que algunos fragmentos de mis temas se parecen a otros que ya había escuchado. En este momento estoy escuchando música, nada más y nada menos que a Raphy Leavitt y su orquesta La Selecta. Y me la estoy gozando.

Uno de mis músicos favoritos es el africano Laba Sosseh, el autor de Yamulemau (originalmente llamada Diamoule Mawo). Pero él es más que esa canción. Laba hizo mucho por la salsa, pues su música viene de una región pequeña, en el antiguo Congo, una nación con mucho sabor en la sangre, pero que escucha poca música latina. Con él, las relaciones siempre fueron muy cordiales, tanto en Nueva York como en París, ciudad en la que vivió mucho tiempo.

Yo aprendí de salsa muy pequeño, al lado de los picós de los barrios pobres de Cartagena y Barranquilla. Ahí bailé por primera vez el Jala Jala. Desde que estaba con Fruko y sus Tesos he tratado de hacer música tan sabrosa como aquella, pero que sea diferente. Y creo que el secreto de mis canciones es que he tratado de librarlas de adornos. Los temas que sean muy cargados, el público no los digiere. Cuanto más sencilla sea la música, mejor llega. De mis temas, los que más me gustan son A mi Dios todo le debo, Rebelión y Mary. Todos son hijos míos.

Y una mención adicional que no tiene que ver con la salsa, pero sí con la música que hay que oír: aparte de Bobby Cruz, mi cantante preferido es Raphael, de España. Es un baladista muy afinado y de voz recia. A él lo conocí en Manta, Ecuador, porque coincidimos en un concierto en el que yo actué con Fruko. Sus discos siempre han sido fuente de alimentación para mi canto. Su mejor tema se llama El golfo, y es de la década del 60.

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