Son las doce de la noche del domingo. Estas son las noticias: la última película de Roman Polanski ha recibido la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Dan Jennings ha ganado una demanda por 250.000 dólares a un hospital de San Diego, el Papa ha concluido su viaje número 96, los Rolling Stones celebran su 40 aniversario, Paolo Guerra ha lanzado duras críticas a la OTAN por cerrar una playa nudista, El hombre araña ha reunido 450 millones de dólares en su tercera semana en carteleras y Álvaro Uribe Vélez ha sido elegido Presidente de Colombia con 5.830.000 votos.
No puedo dormir. Las películas de Roman Polanski, desde El inquilino hasta La muerte y la doncella, siempre me han dejado lleno de pesadillas; y sufro desde ya porque El pianista, la ganadora del Festival, es sobre el holocausto. Pienso, después, en que Dan Jennings fue sometido a los 47 años a una cirugía abdominal y unos días después de salir del Centro Médico Palomar, en California, encontró dentro de su estómago un bisturí de 14 pulgadas: el cirujano declaró, imagino, “ah, con que ahí estaba”.

Sigo despierto. El insomnio es triste porque los demás están dormidos. Es una lástima que nadie se entere conmigo de que Paolo Guerra, portavoz de la Asociación de Nudistas de Roma (ANR), ha atacado a la OTAN porque va a cerrar la famosa playa de Capocotta, entre Anzio y Ostia, para celebrar un congreso de seguridad: “¿pueden un hombre o una mujer esconder
un arma cuando están desnudos?”, ha preguntado Guerra. Y la organización, aterrorizada aún por aquel 11 de septiembre y por la amenazante imagen de los estadistas rodeados de cuerpos sin ropa, ya le han dado una respuesta: “sí, pueden”.

El insomnio es liberador porque nadie nos mira, pero aterrador porque estamos solos y no tenemos temas de conversación con nosotros mismos. Para no pensar –porque el ejercicio, en la madrugada, lleva a la sospecha de que nada vale la pena– me entero de que el Papa ha dicho que, después de visitar 140 países, irá menos de gira; los Rolling Stones, en cambio, emprenderán una por Estados Unidos, desde Boston hasta Denver, a partir del próximo 3 de septiembre.

Las noticias avanzan: El hombre araña es, en menos de un mes, la sexta película más taquillera de la historia. El protagonista es, por ser el más humano de todos, el superhéroe perfecto: no pelea por los nudistas, no combate a los malos cirujanos y no hace mejor nuestra vida –porque estamos solos dentro de nuestro cuerpo- pero al menos la preserva en los tiempos del terrorismo. Y el mayor problema del mundo es, aún en el tercer milenio, la supervivencia.
Para eso, para no morir, los colombianos han elegido a Álvaro Uribe. La lógica es indiscutible: si se quiere una vida mejor, conviene estar vivo. Y Uribe, que parece la identidad secreta de un superhéroe, se ha entregado a nuestra causa dispuesto a que, en los próximos cuatro años, lo convirtamos en el villano viejo y deforme que por tradición sale de la Casa de Nariño. No lo hagamos. No esperemos nada de él. Durmamos en paz porque las otras propuestas a elegir eran “pongámosle hélice a los carros en los trancones” y “simplifiquemos el Estado: creemos la cuarta rama del poder”.
Es hora de dormir. Quedan los premios, las cifras y los votos: Álvaro Uribe, “el hombre araña”, los Rolling Stones, el Papa, Dan Jennings y Roman Polanski son como nosotros –bastaría, para comprobarlo, que Paolo Guerra los invitara a la playa de Capocotta–, pero los inventaremos a diario para quemar tiempo, rendirnos y aceptar que solo somos humanos. Sí, eso es, ese es el trato: que ellos sean héroes y villanos para que podamos dormir. Son las tres de la mañana del lunes: las noticias han servido para eso.

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