1. Llamar outlet a cualquier almacén de cosas baratongas, aunque no sean de marca, ni tengan imperfectos.

2. Preguntarles a los extranjeros si les gustó el ajiaco. Y obligarlos a que contesten que sí.

3. Mandar a los extranjeros que visitan Bogotá a rumbear en Andrés Carne de Res, y acompañarlos, para que paguen ellos.

4. Ver los reinados de belleza y decir cosas que rayan en el optimismo estúpido, del estilo "¡nos robaron la corona!".

5. Tomar sabajón.

6. Llamar por celular a los amigos y colgar al primer timbrazo para que el otro crea que la llamada se 'cayó', nos marque y sea él quien pague.

7. Montar campañas cívicas de tipo lúdico en las que hay policías inflables o gente disfrazada de cebra en los cruces de semáforos.

8. Retroalimentarnos con experiencias ajenas y aprovechar mucho las sinergias. Y todo sin saber qué significa retroalimentación o sinergia.

9. Tratar de sintonizar los canales porno en los hoteles sin pagar, manipulando el control y moviéndole las conexiones al televisor.

10. De nuevo, en el hotel, comernos algo del minibar y reemplazarlo al otro día antes de que pase la niña que revisa consumos.

11. Hablar con un esfero en la mano mientras lo movemos como batuta.

12. Inventar palabras que nacen de exóticos cruces verbales (v.g. "enyardar", "sabrosear", "guachimán", "culipronto" o "cochinorrea").

13. Eludir socialmente referencias directas al culo, al que le decimos "pompis", "cola", "trasero", y de mil formas más, pero nunca culo que es como se llama el culo.

14. Buscar tramitadores para agilizar cualquier diligencia.

15. Explicar que nos echaron del trabajo con una frase que siempre es mentira: "Se cerró un ciclo".

16. Armar diversas ONG y buscar para ellas ayuda económica en Europa y Estados Unidos.

17. Acuñar frases estúpidas para referirnos a la vida y la muerte, con lo que terminamos hablando del "valle de lágrimas" y deseándole a la gente "paz en su tumba".

18. Llamar doctores a las personas que usan corbata.

19. Pedirle al mesero que nos cambie el arroz por más papa y el maduro por un chicharrón.

20. Tutear mal. Pero siempre tratar de tutear.

21. Hablar en cine, contestar el celular y darle pataditas al asiento de adelante durante toda la película.

22. En Bogotá, rajar de los costeños pero, indefectiblemente, salir corriendo para la Costa cada vez que tenemos vacaciones.

23. Reenviar cadenas de mails.

24. Hacerle comentarios estúpidos al mesero del estilo "la cuenta, por favor, y un policía chiquito".

25. Jugar al "amigo secreto" en la oficina. Y decir, siempre en broma, que mejor a "pajita en boca".

26. "Engallar" carros, sobre todo si están nuevos, perfectos, recién salidos del concesionario.

27. Preferir, en vez del nombre de nuestro interlocutor, llamarlo "maestro", "profesor", "man", "hermano" o "marica".

28. Gritar cuando hablamos por larga distancia.

29. Dejar que el asiento del bus se enfríe antes de sentarnos.

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