Bien dijo Valentino: "Todo sale con todo". Para vestir bien hay que vestirse al capricho personal, como el campeón Edgar Perea, que en Barranquilla o en el frío bogotano usa camisas negras de seda, sacos tornasoles, zapatos caribeños y un caminadito pinchado de triunfador.
Según las señoras 'jai' de Bogotá, el mayor oso en vestimentas lo hizo García Márquez, que para recibir en el frío bajo cero de Estocolmo el premio Nobel de Literatura se puso un liqui-liqui blanco, 'pinta' que impactó al rey de Suecia, que lo esperaba con un decadente sacoleva. ¡Bravo, don Gabo, ...el sacoleva no era lo suyo!
Qué vaina con la ropa. De muchacho me tocó heredar las horrorosas camisas y pantalones de mi hermano mayor. Hoy visto muy bien porque hago todo lo contrario de Sabas Pretelt, Raimundo Angulo, Juan Martín Caicedo y David Luna. Ellos llevan corbatas Hermès, vestidos de Segna, camisas Sulka y zapatos Bruno Magli. Las mujeres dicen que ellos son muy elegantes... pero no les creo, lo que visten es
carísimo.
En Bogotá hay mujeres elegantes solo entre las mayores de cincuenta años, digo Martaisabel Espinosa y Pum-Pum Espinosa. Las de la línea cuarentona están en nada... cómo será que andan siliconadas y mostrando ombligo para competir con Adriana Tono que tiene quince años menos. La campeona del vestir por cincuenta años fue Celia Cruz. Ella compraba telas para hacer cortinas. ¡pero al llegar a donde la modista siempre pedía que le hicieran sus vestidos con esas telas! Por eso, y por sus pelucas, fue la mas chic, la más elegante y la de más personalidad.
No puedo ser elegante porque mi nalgatorio es generoso y tengo cintura de nevera. ¿Estar a la moda? Guau. El poeta Jean Cocteau decía que nada hay tan feo como vestirse a la moda. Jugar a elegante cuesta 'bille'. Toca pagar la marca y creo en lo dicho por el bacanísimo Piero: "La pinta es lo de menos". Lo que vale es la 'carreta', cierto 'duende', picardía y tener éxito, así sea como reparador de teléfonos (que es algo muy serio). ¿Qué tal cuando se daña el teléfono?
Visto horroroso, pero a mi aire. Jamás me pondría un vestido oscuro a rayas, como los que usa Alberto Casas Santamaría, heredados de Jorge Casas, su hermano, el que era historiador, algo anarquista, buen amigo del whisky, recitador de Silva, solterón feliz y novio de doña Yolanda Ronga, viuda de Alzate Avendaño.
Me pongo sacos tipo 'bocadillo', con su toque de vejez. Por tres años seguidos quedé entre "los peor vestidos de Colombia", según veredicto de un modisto gringo y gay que contrató Cromos.
Me visto informal. Jamás uso esa cosa horrorosa que llaman sudadera. Nunca me pongo un 'vestido entero', donde el pantalón y el saco son del mismo paño -a veces llevo corbata porque ataja el 'chiflón'-.
Recuerdo cuando decidí mi look. Yo era vendedor de máquinas de escribir y calculadoras en Carvajal & Cía., de donde me expulsaron porque vieron que yo quería volverla Carvajal & Rentería. Trabajé doce años. el mejor vendedor de Colombia hace treinta años y era anónimo, 'camaján', calentano y casi feliz. Una mañana nos reunió el gerente general, Gerardo Eusse. Nos pegó gran vaciada a los vendedores porque usábamos ropa alegrona. El muy mandón ordenó que, a partir de ese día, en Carvajal & Cía. todo el mundo vestiría de oscuro, que era lo serio. Lo acepté para cuidar la 'chanfa'. Compré tres ordinarios vestidos oscuros que odiaba, parecían de diputado o parlamentario. En silencio juraba que cuando me echaran de Carvajal & Cía. volvería a lo mío y me vestiría como a mí me diera la puta gana. y lo conseguí.
Sigo con mi moda libertaria y con una ley: comprar solo en rebajas y conservar la ropa vieja. Con esa pintica no me ha ido del todo mal. Pero lean: nunca se vistan como Poncho Rentería, porque se acercan al ridículo.
De final digo que SoHo es fuerte entre los yuppies que visten 'bien' y mueren por la ropa fina, de marca y neoyorquina. Lo siento. Por comprar esa ropa tan chic, ¡la mayoría de los yuppies elegantes están casi arruinados!

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.