En el caso de Adriana Albarracín, el vértigo va por fuera. Economista con dos especializaciones -una en Finanzas y la otra en Mercado de Capitales-, opita y reina infantil del bambuco a los 13 años, tiene varias formas de acabar el estrés que suele acompañar a los de su gremio. Está de pie a las cinco de la mañana para ir rumbo al gimnasio a matarse a punta de spinning. La terapia, efectiva como pocas, la complementa con 20 vasos de agua diarios. ¿O de qué otra forma cree usted que se logra un cuerpo como el de ella? ¿Cotizándolo en la bolsa?
Es capaz de enamorar con la misma rapidez con la que mueve el dinero de los inversionistas -hasta mil millones de pesos en un día. De su esposo se enamoró cuando estaba saliendo de una tusa impresionante y a los tres meses ya estaban casados. No culpamos a Diego por no haberla dejado escapar. Fue hace cuatro años y en el panorama ya se vislumbran los hijos. Por lo pronto, el tiempo juntos lo usan para montar en bicicleta, ir a comer, a cine o de fiesta, donde nunca pueden faltar los vallenatos.
Convencerlo de que la dejara salir en estas páginas fue algo complicado, pero Adriana sacó la carta ganadora: le dijo que serían fotos para él. Claro, se le olvidó mencionar a los miles de lectores que tiene la revista entre manos, pero ya es un poco tarde para meterle reversa al asunto.
Y pensar que SoHo la descubrió hace unas pocas semanas en su oficina, sacando fotocopias.

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