"La mona baila conmigo, les digo que no es invento. Ella me mira a los ojos, yo me quedo sin aliento", canta Vives en una de sus canciones. Vaya coincidencias tiene la vida. Ana María Dávila es tan samaria como el cantante y es conocida entre sus familiares y amigos cercanos como la 'Mona'. Y no es que la canción haya sido compuesta en su honor, aunque por las características físicas y geográficas hubiera podido calar perfecta en la letra.
Dejó su Santa Marta natal hace ya diez años, y pese a que nunca ha vuelto a vivir allí, va cada vez que las circunstancias se lo permiten. Bogotá, Madrid y Londres son apenas algunas de las ciudades que han ocupado su vida durante esta última década, pero ella sigue siendo de su ciudad, lo revela el acento. No es necesario vivir las 24 horas del día en Santa Marta para seguir siendo samaria.
Cuando estaba en el colegio su sueño era estudiar Comunicación Social con énfasis en Mercadeo en la Universidad Javeriana, pero nos estamos adelantando a la historia. El mar forjó su infancia. Recorrió a bordo del Calypso, el bote de su padre, todas las bahías habidas y por haber del Magdalena. A Cinto, Arrecifes, Bahía Concha, Playa Blanca o Inca Inca llegaban sin falta los Dávila con un buen número de amigos a comer pescado frito con patacón.
Al mar volvía para esquiar. Hizo parte del grupo de niños esquiadores de Santa Marta y alguna vez participó en una coreografía para la inauguración de unos Juegos Nacionales. Eran más de 20 de diferentes edades, en vestidos de baño con tutú. Y tanta belleza y tantos años dedicados a la práctica del esquí dieron su fruto. Luego de haber rechazado en un par de oportunidades ser reina de las Fiestas del Mar, el entonces alcalde de Santa Marta Jaime Solano la llamó personalmente para proponérselo de nuevo. Esta vez no pudo negarse y fue así como en 1999 lideró todos los eventos de las festividades, deslumbró al jurado con la prueba de esquí y dio exhibiciones en Cali, Medellín y Bogotá.
Al mismo tiempo, se esforzaba por perseguir su sueño profesional. La Javeriana esperaba por ella, pero no quedó conforme con el currículo y decidió matricularse en mercadeo y publicidad en el Politécnico Grancolombiano, también en Bogotá.
De ahí en adelante la vida pasó como una tromba. A mitad de carrera le dio por irse a Europa. Llegó a Londres para perfeccionar su inglés y tomar cursos libres de mercadeo. Pese a los precios venenosos de la capital inglesa, vivió como una reina en parte gracias a que pudo alquilar a precio de huevo un apartamento al frente de Hyde Park, propiedad de un príncipe kuwaití a quien había conocido tiempo atrás en Santa Marta. Un año después pisó tierras españolas. En Madrid terminó la carrera y se reencontró con muchos amigos y familiares. Allí armó su casa lejos de casa, en un ático en el barrio Salamanca, diminuto y precioso, en pleno Goya con Velásquez.
Pero el cuerpo que se ve en las fotos no lo adquirió viajando, ni estudiando mercadeo, ni mucho menos comiendo pescado frito con patacón. Solo horas en un gimnasio en cualquier parte del mundo y una férrea disciplina para practicar yoga y pilates le han permitido forjar su figura. Los pilates no solo los práctica, también los enseña. En Barcelona, Valencia, Alicante y, por supuesto, Madrid tomó cursos para certificarse como instructora y ese conocimiento lo imparte ahora dando clases privadas.
De regreso a Colombia se instaló en Bogotá. Su día comienza a las 7:00 a.m., hora a la que llega al gimnasio para hacer pesas, ejercicios cardiovasculares, yoga, kick boxing y pilates. Horas después se dedica a las vueltas y trámites para montar su propia línea de vestidos de baño, proceso largo y dispendioso. Primero hay que diseñar la colección, seleccionar las telas y los complementos y por último hacer las pruebas antes de salir al mercado. En Bogotá, Santa Marta y Cali comenzarán a venderse sus modelos, muy seguramente a comienzos de 2006.
Pero no se pueden usar vestidos de baño de dos piezas si no se tiene un cuerpo acorde. Es por eso que sueña con montar un centro de belleza y también sacar un video para enseñar sus ejercicios. En cuestiones de salud y belleza, la 'Mona' es de las que predica y aplica. ¿Y la vida personal a qué hora? Ana María reparte su amor entre Santa Marta, el mar, su familia y sus amigos, pero gran parte se lo llevan David Toledo y Ronaldo. El primero es su novio caleño, asesor financiero, con el que suenan campanas de boda. El segundo es su perro, un golden retriever por el que se desvive.
A sus 29 años, la Dávila forja su vida con el mismo tesón que lo hace con su cuerpo. Se encuentra lejos del modelaje, donde fácilmente hubiera podido triunfar, sencillamente porque nunca le interesó. Esta vez hizo una excepción. Disfruten de esta sesión de fotos, posó para ustedes.

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