De bella lo tiene todo. de durmiente, poco: a las cinco de la mañana está ya levantada; es una de las mejores mamás, por no decir mamacitas de nuestra generación. Se despierta para acompañar a Tomás, su hijo de siete años, a desayunar y al rato sale a llevarlo al paradero con la cara lavada, en sudadera y con el pelo desordenado, así como a muchos nos encanta verlas, en su forma más salvaje, original, sin retoques ni pañete. Es fácil imaginar que a ese paradero escolar de la 147 con séptima deben de estar llegando cada día más hombres, movidos por un nuevo ímpetu paternal, el que les despierta esta modelo no modelo, nuestra queridísima Andrea Barón, la misma que tenía enloquecido al Politécnico cuando estudió Publicidad y Mercadeo.
Pasa el bus por Tomás y si Andrea está de ánimo va al gimnasio. Allá hace 29 minutos de cardio, pesas en series de cuatro, pilates y clase de "cola", lo que más le gusta. Se nota, ¿no? De ahí sale en su carro para el centro y del centro para donde sea: a la Cámara de Comercio, a algún ministerio o a donde algún médico o esteticista. Así se lo exige su trabajo de relacionista pública del grupo Skala, una agremiación de médicos y esteticistas que busca hacer una base de datos en la que los pacientes puedan revisar que quien les vaya a realizar tratamientos o cirugías tenga licencia para hacerlo. Así, además de formalizarse el gremio, se fomenta el llamado turismo de salud, ese en el que los extranjeros salen operados y con vacaciones pagas por la mitad o menos de lo que pagan en sus países. A eso de las seis de la tarde, Andrea vuelve a su apartamento para ayudarle a su hijo a hacer las tareas y acostarlo a las ocho de la noche.
Con el permiso de su jefe, pero sobre todo de Tomás, Andrea le robó varias horas a las llamadas a proveedores e invitados, a la revisión de cotizaciones y demás chicharrones en que anda por estar organizando el estand que tendrán en la próxima feria de salud y belleza que hará Corferias, para posar por primera vez ante una cámara tan ávida de belleza como la nuestra y dejarla más que satisfecha. Como ve, Andrea Barón es toda una madre y, lo mejor, una madre soltera a la que le gustan tanto los langostinos como el ajiaco o la bandeja paisa, y la rumba electrónica como el cine. Ahí verá si se anima a madrugar y hacer cola en el paradero de Tomás. Tal vez, logre subirse a ese bus. Si lo hace, no se baje ni se deje bajar, pues se quedará esperando la vida entera a que pase otra como ella.

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