"Mami, los niños del colegio dicen que tú estás muy bonita, que eres una mamacita. ¿Eso es verdad mamá?". No es mentira. Esta pregunta se la soltó Santiago a Maite cuando lo fue a recoger un día a la salida del Liceo Francés. Ella se puso roja, entre risa y nervios no supo qué responderle a su hijo. Maite González se graduó del Femenino, estudió arquitectura en la Javeriana e hizo un curso de actuación que le sirvió para interpretar a Julieta, en una versión de la obra de Shakespeare.

A los 18 años se enteró de que estaba en embarazo. Sintió que el mundo se le venía encima a pesar de contar con el apoyo de su novio y su familia. No se casó, aguantó el chaparrón de comentarios que suelen hacer en estos casos y siguió adelante.

Recuerda que les cogió fobia a los perfumes, si alguien cercano a ella olía a jabón o a loción, de inmediato le daba mal genio. No tuvo problemas de sobrepeso, las estrías nunca hicieron su aparición y eso usted claramente lo puede comprobar en las fotos que se tomó para SoHo. El día en que nació su hijo entendió que estaba viviendo la experiencia más hermosa que puede sentir una mujer.

En 2001 se casó con el papá de Santiago y desde ese momento decidió que la "fábrica" se cerraba y que no iba a tener más hijos. A pesar de ser socia junto con su hermano de una empresa que organiza fiestas y de un restaurante, Maite vive en función de su pequeño. Él es su amigo, su compañía y a cada rato tiene que convencer a la gente de que ella es la mamá y no la hermana. Incluso en las reuniones de padres de familia le preguntan en qué grado está.

Con 27 años Maite sabe que como madre debe brindarle cada día una enseñanza nueva a su hijo. "Uno nunca sabe qué es ser mamá hasta que lo es", dice. Sin duda, es una buena mamá, una muy buena mamá, por su hijo, pero por otra cantidad de razones que saltan a la vista.

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