Esta mujer sabe cómo funciona el cerebro de un hombre y cómo opera hasta el último tornillo de un carro. Es sicóloga de profesión, trabajó año y medio junto a un grupo de médicos revisando las historias clínicas de cientos de pacientes, pero su pasión por los carros terminó llevándola a otro cuento: el de vender Mercedes Benz en Automercol S.A., un concesionario en el norte de Bogotá. Allí es ejecutiva de ventas y asesora a los clientes, antes y después de recibir sus carros, por lo que es común verla pegada al teléfono y al correo electrónico, pidiendo cotizaciones a la casa matriz en Alemania, averiguando en dónde anda un pedido (en el puerto, en embarque, en aduana o a pocos kilómetros de su próximo dueño) o explicando, por ejemplo, por qué el catalizador de determinado carro despide olores no gratos, entre otras muchas labores que realiza desde hace cerca de tres años.

María del Pilar tiene 27 años y tres claros recuerdos relacionados con los carros. El primero, el inmenso Mazda 929 que trajo su papá años antes de morir, cuando casi nadie conocía ese modelo. El segundo, la vez que aprendió a manejar. Tenía 14 años, su hermano mayor le soltó un Trooper por una carretera destapada cerca de su finca ganadera en las cercanías de Villavicencio, una vaca se atravesó y por segundos la arrolla. El susto fue terrible, cuenta, pero no lo suficiente, pues hoy en día es una fanática de la velocidad, al punto de que disfrutó como nadie su tercer recuerdo: una prueba de manejo en el Autódromo de Tocancipá para probar el sistema de estabilidad y tracción de las cuatro llantas de un Mercedes Benz ML 350. Aceleró a 220 kilómetros por hora y cogió curvas a 180 sin que el carro se le deslizara hacia afuera.

No pudo graduarse del Marymount de Bogotá pues debió mudarse a Barranquilla antes. Allá fue a más de un carnaval, pero la movida costeña no se le pegó, pues no resultó muy rumbera. Prefiere ir a comer sushi, leer novelas, hacerle fuerza a Alonso en la Fórmula Uno (Montoya la defraudó), ir al autódromo y pasear. Nunca fue una vieja de fashion shows, ni de castings, sino una mujer independiente, soltera (buen dato) y recia que no se vara esperando a que alguien le arregle el problema. Por eso le pareció extraño que hace unos días alguien de SoHo se hubiera aparecido por su oficina para proponerle ser nuestra modelo no modelo de octubre. Aceptó y demostró que, además, de buena vendedora, tiene madera de modelo. Ya veremos si logramos llevarla a otras pistas, las del modelaje.

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