Es cucuteña y aunque de su ciudad extraña el ambiente distendido, típico de tierra caliente, no soporta estar allí más de una semana. Adora Bogotá, a donde llegó hace siete años, tres después de graduarse del colegio. En sus días de colegiala ya modelaba, pero siempre supo que lo suyo era actuar, y como Norte de Santander pronto le quedó pequeño, decidió probar suerte en la capital, donde mal no le ha ido y de donde no se va por nada del mundo.

Ha protagonizado campañas publicitarias en Colombia, pero también en el exterior

—Carolina conoce Centroamérica de cabo a rabo— y la revista española Man se fijó en ella para protagonizar junto a otras nueve modelos colombianas una sesión de fotos en Islas del Rosario. Antes había sido portada de la revista En forma, pero es con otra revista (esta que tiene en sus manos, para ser más precisos) donde más dará de qué hablar.

Su debut en televisión fue en La viuda de la mafia, donde era la amiga del colegio de Johanna Bahamón, y luego pasó por Séptima puerta, Así es la vida y En los tacones de Eva. En 2008 la veremos en Infieles anónimos, otra telenovela, donde hará el papel de mala. Y acá incurrimos en el pecado de reencauchar una vez más el viejo comentario "una mala muy buena". Qué le vamos a hacer, si en el caso de Carolina es una verdad de a puño.

No hace deporte, lo que significa que su herencia genética le permite comer lo que le plazca sin engordar. Le encantan las harinas tanto como las motos e irse de descanso a su finca en Fómeque, Cundinamarca. Suena a buen plan salir un viernes al mediodía en una superbike con Carolina bien agarrada de la espalda, llegar a ese paraíso de tierra templada que es Fómeque y olvidarse del mundo hasta el domingo.

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