¿La recuerda? Haga memoria: ese cuerpo, esas cejas, esa boca chiquita a la que le cabe el mundo entero. Hace dos años largos, tan largos como sus piernas, Muna Hunt enseñó su cuerpo en SoHo y dijo dos o tres cosas que nadie leyó por la distracción enorme que representa su piel y la manera en que forra ese metro con ochenta acosado por las curvas. Muna sigue en lo suyo. Ya se graduó de economía y trabaja en una empresa donde la contrataron sin entrevista, sin test de aptitudes, sin prueba sicotécnica. Trabaja medio tiempo, porque las tardes son para ganarse las libras que en su humanidad no sobran. Sigue modelando, aunque la tarifa es definitivamente más jugosa. "Pague por ver", parece decir cada vez que se cuadra frente a una cámara . ¡Y quién no pagaría para ver! Muna tiene 26 años y hasta hace poco todavía paseaba en su Mercedes SLK 230 Compressor. Lo vendió. Compró una camioneta BMW X5, así que ahora recorre Londres al timón de doscientos mil dólares. No la lleva al gimnasio; allí llega todos los días, religiosamente (aunque es atea), a las ocho de la mañana en una bicicleta corriente. Trota, hace máquinas, levanta pesas y suda, suda mucho. A los hombres del gimnasio les encanta verla sudar. Y quisieran verla sudar más, pero su cuerpo y la camioneta los frenan en seco. Todo el mundo lo piensa dos veces con Muna y uno, viendo estas fotos, la piensa no dos, sino mil veces.

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