El destape de la ex Señorita Colombia

El destape de la ex Señorita Colombia

Las declaraciones exclusivas de Michelle Rouillard sobre el reinado Nacional de la Belleza. La ex Señorita Colombia a unos pocos meses de entregar la corona se animó a destaparse en cuerpo y alma para la edición de abril.


 
Michelle Rouillard 
A sus 23 años, no solo es la mujer más bonita de Colombia, como lo atestigua el título de Señorita Colombia 2008-2009 del Concurso Nacional de la Belleza, sino quizás la más completa: estudió Negocios Internacionales en Canadá y a todas luces derrocha mundo, sentido del humor y espontaneidad. Por si fuera poco, en su talante reluce de inmediato una característica propia de las personas inteligentes: tiene temperamento crítico. Quizás por eso rompió tabúes y a unos pocos meses de entregar la corona se animó a destaparse en cuerpo y alma para SoHo. Con ustedes, Michelle Rouillard, la reina independiente.
 

La primera pregunta tiene que ver con estas fotos. ¿Por qué una ex Señorita Colombia, de imagen pura y virginal, decide desnudarse?
Precisamente por eso: quiero retomar mi carrera de modelaje, y una imagen tan organizada y tan puesta como la de una reina no es muy útil para proyectarme y hacer lo que quiero. No tenía pensado hacer fotos de este tipo, pero me gustó el equipo y pensé que era una buena oportunidad para romper, para liberarme, para pasar la página del reinado.
 
Usted es de Popayán, que es una ciudad conservadora. ¿No le preocupa la reacción que produzcan estas fotos allá?
 
Así como lo del corte del pelo durante mi reinado: si me pongo a preocuparme de lo que todo el mundo opine no hago nada. Habrá muchas personas que dirán que fui demasiado lejos tan pronto entregué la corona. Pero yo no lo creo así: creo que cuando a uno se le presentan las oportunidades debe tomarlas.
 
¿Qué cree que va a decir don Raimundo Angulo cuando vea la revista?
No sé. Seguro le causará mucho asombro.
 
¿Y no teme que reaccione mal?
No, para nada. Estoy segura de que sabrá respetar mis decisiones. Es cierto que él ejerce una autoridad paternal sobre algunas mujeres que han pasado por el reinado. Pero la verdad es que ese no es mi caso. Hice las fotos porque quise, porque son estéticas y porque soy una modelo. Y una modelo hace fotos.
 
Cuéntenos una cosa: ¿qué tan duro es ser Señorita Colombia?
Aunque no todos los crean, es un trabajo arduo. Cada día era diferente al otro, lleno de compromisos para apoyar eventos sociales para recaudar fondos. Por toda Colombia estuvimos en banquetes, desfiles, sesiones de fotos, a todas horas durante todas las semanas, casi siempre con las cinco finalistas, para apoyar diversos programas sociales.
 
¿Tiene alguna idea de cuánta plata alcanzó a recaudar?
No sé cifras globales, pero por ejemplo en un solo evento se recaudaron 600 millones de pesos. Al menos hasta que yo estuve, porque la reina solo se puede quedar dos horas en los eventos.
 
¿Cómo así?
Son las reglas. Había muchas más, algunas, a mi juicio, anticuadas. Te pongo ejemplos: a la Señorita Colombia los hombres no pueden pasarle la mano sobre el hombro; la Señorita Colombia nunca puede comer o beber cuando está en un evento; no puede haber una foto de la Señorita Colombia en la que las piernas no estén cerradas o en posición de tornillo, que es una sobre la otra. Y otro montón de protocolos similares.
 
¿Y eso no era un poco absurdo?
Pero eran las reglas. Y a uno le ponen una chaperona para que las cumpla. Va detrás de uno vigilándolo, prohibiéndole tomar, comer, prohibiéndole a quien sea que te pase la mano por el hombro: una especie de policía personal, mejor dicho.
 
¿Pero para cuidarla a usted de los demás?
Sí, ¡claro! Porque hay mucha gente irrespetuosa que se pasa de la raya y también para vigilar también que yo cumpliera el protocolo.
 
¿Y no era difícil aguantar tanta disciplina?
En realidad, lo que más trabajo me costaba era aguantar los regaños en caso de que uno no contestara el teléfono. Me decían: “Si usted se va a arreglar las uñas y va a estar incomunicada, nos tiene que llamar a decir que se está arreglando las uñas”. No contestar el teléfono era realmente algo grave. Me tocaba entrar el celular al baño. Y eso eran sábados, domingos, festivos, las 24 horas tenían derecho de llamarme. El celular ya me causaba pesadillas.
 
¿Qué más era difícil de esa época?
El control completo que la organización del reinado ejerce sobre ti. No solo te llaman cualquier día y a toda hora y te regañan si no contestas, sino que además debes consultarles cada viaje, cada paso que das así lo hagas por motivos personales.
 
¿Recuerda casos?
Alguna vez, por ejemplo, no me dejaron ir a un evento de moda del país. Quería ir para ver el trabajo de un amigo diseñador, y me lo prohibieron. Y otra vez no avisé que estaba yendo a un centro de estética por mi cuenta y solo por no avisar me prohibieron volver.
 
Suena fuerte, como si se apropiaran de toda su vida…
Pero no quiero sonar injusta. La verdad es que yo fui reina porque quise, nadie me obligó. Y al meterme en eso, pues debía someterme a las reglas. Eso sí: algunas reglas me parecen fuertes e innecesarias y sobre todo desconocidas para casi todo el mundo, incluso para mí.
 
¿Qué más limitantes le ponían?
Bueno: la reina no puede dar opiniones, siempre debe ser lo más neutral posible. Pero lo más difícil de aguantar no era una prohibición concreta, sino la acumulación de todas. La vigilancia. Pedir permiso para todo. Tener que contestar el teléfono aun en los días de descanso para evitar regaños. Sentir la autoridad de Raimundo a todas horas.
 
¿Cada cuánto llamaba Raimundo?
La organización me llamaba a diario y varias veces. Raimundo, no sé: podrían ser entre 3 y 8 por semana más o menos. Pero casi siempre se comunicaba conmigo a través de alguien más que trabajaba para el concurso.
 
¿Y regañaba mucho?
A veces dejaba mensajes intimidantes, que uno no sabía si eran comentarios tranquilos pero firmes, o regaños terribles en tono fuerte. Un par de veces sí fue explícito. Ya no me acuerdo por qué, pero me dijo en tono duro: “Tú no eras nadie antes del reinado, no eras nadie” y lo repitió tres veces, no sé si lo hizo a conciencia pero considero que ese tipo de comentarios hacen sentir mal a cualquiera.
 
Parece que no quedó muy satisfecha con el concurso…
La verdad es que tengo muchas cosas para agradecerles, pero también me gustaría que cambiaran algunas otras. Te hablé de esa medio intimidación de la organización sobre la reina, que uno puede sentir, esa especie de miedo, de presión psicológica. Creo que podría tomarse el asunto de una manera menos fuerte. También te comenté que algunas cosas podían ser menos anticuadas. Y creo, además de eso, que deberían meterle mucha más infraestructura, mucho más apoyo a la reina. Todo el mundo supone que ser Señorita Colombia es un trabajo lleno de comodidades, y la verdad es que hay muchas privaciones.
 
¿Cuáles, por ejemplo?
Por ejemplo: las cuatro finalistas tienen que usar durante todo el año la misma ropa que les dieron en Cartagena. No les dan más. Esos vestidos y esos zapatos no quedan sirviendo para nada. Yo como Señorita Colombia de vez en cuando contaba con más ropa, pero las finalistas no. No hay un patrocinador al que tanto la Señorita Colombia como las finalistas puedan acudir para hacerse las uñas o arreglarse el pelo. No hay dónde hacerse un masaje, algún tratamiento para la piel. Suena caprichoso, pero no olvides que el cuidado de la belleza en ese oficio es el centro de la profesión, no en vano se llama Reinado de la Belleza. Y ellos no asumen nada. Todo el asunto cosmético le toca comprarlo a uno de lo que se gana. Y ¡ay! de no estar divina e impecable, porque todo el mundo se le viene encima, comenzando por la misma organización.
 
¿Qué más apoyos le hicieron falta?
Materialmente muchos. Por facilidades logísticas, la agenda siempre salía de Bogotá. De modo que debía vivir en Bogotá, pero el reinado no tiene un lugar para que uno se hospede. Tuve que quedarme en casa de mis tíos, que son las personas más generosas del mundo. No quiero sonar como una niña consentida que se queja. Pero si este reinado se supone que paraliza al país, y les dan palo abierto a las candidatas, y la gente piensa en Miss Universo casi como si fuera el Mundial, y si además es un evento que mueve tantos y tantos millones y tanta publicidad y pauta en los medios y todo, lo mínimo que uno esperaría es que la Señorita Colombia, que debe trabajar casi todos los días para la organización, tenga unas condiciones mínimas que hoy por hoy no tiene.
 
¿Es buen negocio ser reina? ¿Les dan un salario?
A mí no me parece nada malo, aunque supongo que no faltará quien piense que la Señorita Colombia se gana toda la plata del mundo, y tampoco es así.
 
¿Cuánto se gana la Señorita Colombia?
Al ser elegida Señorita Colombia automáticamente te ganas 30 millones de pesos. Pero no te los dan de una, sino que te los distribuyen en los 12 meses que dura el reinado. O sea que te llega un sueldo como de dos millones y medio mensuales. La última cuota te la dan el día que entregas la corona.
 
¿Le dan seguridad social, salud, pensiones?
Tenemos como parte de los premios un seguro de salud que dura un año. Lo otro de la seguridad social no hay. Uno de los mejores premios para mí fue una membresía de gimnasio por cinco años. También nos dan dos contratos con patrocinadores y una beca, pero con la restricción de que aplica solo a estudios superiores. Como sea, todo eso suma.
 
¿En los viajes le daban viáticos?
No, pero me cubrían todos los gastos.
 
Bueno, y con el polémico corte de pelo, ¿también tuvo que pedir permiso?
Claro, al contrario de lo que muchas personas piensan yo sí les pedí permiso. Les dije que me quería hacer un corte… Incluso les mandé las referencias, y me dijeron que listo. La cosa es que yo necesitaba el corte, porque por usar extensiones se me estaba acabando el pelo. Porque el prototipo de reina es una cosa tan estandarizada que todo lo que se salga de ahí no sirve. Como yo tenía el pelo en los hombros, entonces me tuve que poner extensiones.
 

Un paréntesis: ¿por qué en estas fotos sale de pelo corto y de pelo largo?
Quería ser versátil, mostrar en una misma historia dos looks distintos.
 
Volvamos a lo de la imagen estandarizada de las reinas: ¿quién cree que la ha establecido?
Han sido esos ‘gurús’ que viven en el reinado —muy entre comillas la palabra gurús— y como la mayoría son niñas que sueñan con estar ahí y son tan chiquitas, les comen cuento a lo que ellos digan. Como llevan cincuenta mil años ahí, porque son casi que parte de la institución y de la historia del concurso, se dejan embobar por ellos.
 
¿Le pasó con quién concretamente?
Todo el país los conoce y los oye mencionar todos los años... la rosca de siempre de todos los años. Ellos hacen unos vestidos preciosos y son unos verdaderos artesanos, pero también están equivocados en algunos aspectos, como en los conceptos de belleza y elegancia que manejan. Estos personajes a veces se dejan llevar más por la pasión que por el profesionalismo y eso no me parece correcto.
 
¿Si usted fuera Raimundo, qué haría para que mejore el concurso?
Él tiene que darse cuenta de que uno se mete de lleno a trabajar para el reinado y se siente muy a gusto con la labor social que cumple, que es muy bonita. Pero uno se mete al reinado también porque quiere oportunidades, porque quiere proyectarse. Y en ese sentido es una empresa donde las dos partes deberían ganar. Yo sentí que estaba entregando mucho al reinado y ellos no lo estaban haciendo en la misma medida. Uno trabaja en sus labores sociales y ellos deberían trabajar más por la proyección de la reina. Que sean más abiertos, que escuchen propuestas; que le permitan a la reina más tiempo para dedicarle a la preparación para Miss Universo…
 
¿Como reina pensó que el sacrificio, los trasnochos y los agites valían la pena, que después llegaría la recompensa?
No, y quiero dejar claro que tampoco tengo rencores. Tengo de hecho muchos agradecimientos. Crecí mucho, y el reinado tiene momentos gratificantes. Ver unos niños felices cuando llegas a visitarlos es algo muy lindo. Conocer el trabajo de instituciones, de madres cabeza de familia: no hay nada igual de emocionante. A mí me dejó impactada una visita que hicimos a El Salado, sentir la esperanza de la gente, el deseo de hacer cosas y de recuperarse después de esa masacre es una cosa maravillosa. Le deja a uno una riqueza espiritual grande. Después del reinado uno mira al mundo con otros ojos, uno se conoce más. Pero creo que sí hay cosas que podrían revisarse.
 
¿No le parece que ha sido dura con el reinado? En 75 años ninguna reina había dicho cosas semejantes a las que acaba de decir en esta entrevista.
Dura no; sincera. Y no digo nada desde el rencor. Siento agradecimiento. Pero miles de niñas de este país sueñan con ser reinas, y creo que deberían saber estas cosas. No soy hipócrita ni malagradecida. Lo que dije acá también se lo dije a personas del reinado. La reina y las finalistas trabajan muy duro, y debe haber un apoyo más cercano de la organización.
 
¿Tuvo alguna experiencia desagradable mientras fue reina?
Nadie me echó polvos pica-pica en el colchón ni cosas semejantes, pero digamos que en un reinado pasan muchas cosas. Algunas bonitas, otras regulares y otras feas. Creo que voy a contar todo eso en algún momento, no sé. De pronto escribo un libro. Sería interesante que los colombianos, que siguen con tanta atención el evento, conozcan sus entretelones. A lo mejor me animo. Ya veremos.

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