¿Por qué lo hice?

Soy una mujer común y corriente: tengo 23 años, estudié en un colegio de monjas y me gradué como administradora de empresas de la UNAB de Bucaramanga. He tenido tres novios y vivo en Bogotá desde hace un año. Común y corriente. Tal vez en lo único que me diferencio de las niñas de mi curso es que además de haber sido una excelente estudiante, le robo tiempo a mi trabajo para dedicarlo a hacer campañas publicitarias. Y que participé en el reality de Noticias Uno y llegué hasta el final.

Todos los días voy a la oficina, llego a las ocho y media y salgo hacia las siete de la noche. En ese tiempo me dedico a manejar diferentes proyectos, casi todos dentro del tema de la asesoría de inversión.

Soy hija única. Y puedo decir que lo más difícil que he vivido fue llegar a Bogotá buscando un sueño, pero sin saber si podría sobrevivir solo con ilusiones. Porque plata, para decir verdad, no había mucha. Al principio fue duro: vivir sola, pagar cuentas y, obvio, como cualquier niña recién graduada, coger buseta, caminar y abrirme paso entre un millón de personas que andaban en las mismas en esta ciudad. Creo que con mucho esfuerzo y paciencia lo logré.

Siendo una niña como cualquier otra, la gente se debe estar preguntando por qué hice esto. Por qué me animé a hacer un top-less en portada, probablemente el primero en la historia de Colombia.

Por plata no fue, por supuesto. A mí, la plata nunca me ha impulsado a hacer cosas en las que no creo. Y creo en lo que hice. Y aparte, y que me perdonen las personas de esta revista, en SoHo no pagan.

Por fama, menos. No hay fama más vaporosa que la que se puede lograr haciendo cosas como estas, y tomarlo como un atajo fácil para darme a conocer podría ser engañoso. Como sea, no creo que un top-less sea un pasaporte a la gloria. Al menos, no a la que yo quiero conseguir.

¿Por escandalizar o llamar la atención? No. Lo hice porque no quiero estar en un país en el que el escándalo todavía sea un cuerpo humano, un desnudo hecho con estética.

Lo hice porque quiero demostrar que no tiene nada de malo. Porque creo que puedo ayudar a que cambien las proporciones. Porque veo que acá todavía guardamos silencio ante las cosas sangrientas que nos pasan, y nos escandalizan las que en una sociedad moderna ya deberíamos haber superado.

No quiero decir que, dado que en Colombia suceden cosas terribles, mi aporte ante ellas sea hacer un top-less. A lo que me refiero es a que hacer este desnudo es como hacer una declaración de principios, como hacer un manifiesto por lo verdaderamente importante, y aunque no suponga el final de nuestros problemas, creo que puede ayudar a que la gente cambie un poco su mentalidad, se relaje ante temas que en el mundo ya son naturales y empiece a escandalizarse por las cosas preocupantes y no por las bonitas.

Otro motivo para aceptar esta propuesta fue el juego de autocensura que implicaba. No se trataba de que yo me desnudara, o de que la revista me presentara en top-less, pues no es mi voluntad imponer mi desnudez a todos los lectores. Soy consciente de que este país tiene 40 millones de personas, 40 millones de personalidades, por eso respeto la decisión de quienes prefieran dejarme cubierta.

Yo hace rato que me descubrí a mí misma?

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