Margarita Rosa de Francisco

Margarita Rosa de Francisco

Se acabó la espera: por fin llega a SoHo esta gran actriz, modelo, reina de belleza, presentadora y cantante que celebra en estas páginas el lanzamiento de Bailarina, su nuevo disco. Su novio, Will Van Der Vlugt, la fotografió, y el escritor Ricardo Silva Romero la entrevistó. Sin más preámbulos, nuestro regalo para usted.


Qué hago desnuda deambulando por SoHo
Debo aclarar que desde hace tres años me les ando desnudando a los confines de este mundo ante la cámara de mi inseparable Will van der Vlugt, flagrante responsable de las fotografías que ilustran la carátula de Bailarina, mi nuevo álbum. Sí. Poco después de conocernos, mi compañero de camino me hizo la indecente propuesta de venderle mi alma y cuerpo desnudos a su lente, y yo, como una feliz cualquiera, me quité todo y me revolqué en una playa perlada dominicana, salí al balcón del hotel Victoria de Jungfrau-Interlaken, en Suiza, sin más ropajes que una toalla blanca en la cabeza, me desvestí como striptisera decadente en un camerino miserable de Ámsterdam, me metí durante todo un día en una piscina gigantesca a lavar mis impurezas en aguas profundas y, por último, me acosté como una bebé recién nacida a dormir entre esquivas sábanas blancas que más hicieron por descubrirme que por arroparme. Todas aquellas ofrendas de libertinaje por regalármele al talento de este hombre nacido en tierras bajas, pero educado en las altas cumbres del arte.
Una noche nos sentamos a mirar el material de nuestras aventuras fotográficas, que resolvimos llamar MargaritaRosaErotika, y nos quedamos estupefactos cuando aparecieron como del fondo de un abismo los resultados de la sesión de la piscina. Yo misma me sorprendí cuando la figura desnuda sugería inexplicablemente contenidos mucho más intrigantes que el hecho obvio de aparecer sin ropa encima. Ambos decidimos que esto era digno de filmar, y así nos arrojamos a la tarea de hacer un video para una de las canciones del disco. De esta forma le vimos la cara a la Bailarina que baila en lo más hondo de sí misma y que no tiene nada más que ofrecerle a este universo que su propio ser, escueto, impoluto e indefenso, como es todo lo real. Este es el sentido que tiene para mí salir desnuda en la carátula del disco más sincero que he producido en mi vida y compartir con ustedes esta secuencia de la cual me siento muy orgullosa.
Ni a Will ni a mí nos gusta llamarnos “artistas”, aunque yo piense que él sí que lo es. Ni siquiera nos atrevemos a decir que nuestras fotos son artísticas, pues esa es una pretensión vulgar que debemos advertir los que tan solo hacemos mundanos intentos de acercarnos a algo tan sagrado como el arte. Sin embargo, para nosotros vale la pena el riesgo de ser asaltados por la poesía, que aunque sea durante segundos ansiamos ver coronando el caudal de erotismo que atraviesa estas imágenes, ese latido visceral que da vida al misterio de todo lo deseado. No habrá jamás una desnudez mayor ni más irresistible que la de un alma seducida en ese asalto. Ojalá nos haya ocurrido en esta oportunidad.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

×

Ventana Login

×

Ventana Registro

×

Ventana Intro

×

Términos y condiciones

×

Ventana Modal

×