Hay una única razón en el mundo para volverse fanático de las fresas, las calzas, los tratamientos de conductos y todas esas "torturas" modernas por las que uno pasa gracias a los dentistas. Esa razón es la que ve aquí, ligera de ropas, con ese uniforme con el que cualquiera de sus pacientes soñaría verla cuando entra a su consultorio. Esa razón se llama María Constanza Jiménez Henao, una paisa soltera y sin hijos, a la que le encanta reunirse a tocar guitarra y tomar ron, y que se niega a echarse bisturí y a sucumbir a la avalancha de silicona que se ha volcado sobre Medellín. No tiene problemas con las que deciden hacerlo, pero ella simplemente no lo necesita. Se ve bien, la vemos más que bien y así se sintió cuando posó para las cámaras de SoHo y se convirtió en nuestra modelo no modelo de noviembre y en una de las más hermosas y osadas de todas.

Nunca ha modelado, no ha actuado ni posado para ninguna campaña publicitaria, pero cuando era niña le proponían tomarse fotos para catálogos de publicidad. En ese entonces, les tenía pavor a los dentistas, pero no porque fuera cobarde, pues no lo era ni lo es (no muchas se atreven a salir en una revista para hombres). Lo que pasaba era que desde los siete años tuvieron que sacarle los dientes de leche, pues le salían los otros por detrás y la imagen del alicate y la aguja rebosante de anestesia le despertaba los fantasmas y las pataletas. Precisamente por ese miedo descubrió, luego de hacer seis semestres de Economía en la Universidad Eafit, que lo suyo era la odontología. Quería acabar con ese terror que producen sus colegas. Así que se graduó de la Universidad de Antioquia y abrió hace unos años, con un par de amigos, su consultorio particular. No hay duda de que ha logrado con su buena mano, con la forma en la cual les explica a sus pacientes cada movida que va a hacer, acabar con el miedo de sus pacientes, pero seguro que estas fotos también contribuirán a la causa. Son otro buen argumento para ir pidiéndole cita en el consultorio, en el cual atiende en Medellín a niños, adultos y ancianos por igual en cuestiones de odontología general, como rehabilitaciones, coronas, prótesis fijas y cajas de dientes.

Primero quiso especializarse en pediatría odontológica, pero ahora se le metió otra idea aventurada en la cabeza. Algo que de seguro se le despertó la noche en que presenció por voluntad propia la autopsia de dos cadáveres (uno envenenado y el otro muerto por una bala) en el hospital en donde hacía el rural en San Antonio de Prado, a 35 minutos de Medellín. La idea es hacer un posgrado en odontología forense en la Universidad de Antioquia y mezclar ese oficio, de sacarles placas dentales a los NN para lograr identificarlos, con el que ahora realiza. Esos pacientes inanimados seguro no le harán pataletas, no le preguntarán por qué es tan joven, no le temerán a la fresa ni necesitarán de su buena mano, pero tal vez alguno vuelva de la muerte con la fuerte descarga que es ver a esta mujer así como la ve en estas sugestivas fotos.

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