Dolor de ausencia
Lucía pulido
FM

"Si el mundo es de hielo, yo soy una hoguera". La promesa nos la hizo en 1996 Lucía Pulido, en letras que abrían su disco Lucía, publicado como parte del proyecto Gaira Música Local, de Carlos Vives. Y nos fuimos alejando de la hoguera hasta que la convertimos en un punto de calor casi imperceptible, apenas animado por la noticia de que sus álbumes con Iván Benavides (Iván y Lucía) habían llegado al disco compacto. No hubo más Lucía en Gaira; no hubo más Lucía en álbumes distribuidos de manera masiva en Colombia. Supimos de ella por su proyecto Fiesta de tambores, y por su permanente disposición a buscarles nuevas posibilidades a los ritmos colombianos. Lucía lucía tan lejana.
Volvió, y lo de ahora es otra cosa: versiones. Aunque no falta quien se aferre al prejuicio de la aversión por las versiones, conviene citar a Nick Hornby (Alta fidelidad), cuando dice que "un artista que puede persuadirte de la verdad de lo que canta en cualquier versión es un artista capaz de muchísimas cosas". En estos términos, en Dolor de ausencia, el nuevo disco de Lucía, el crédito sería para los autores de las canciones (Cadícamo, Contursi, Sánchez, Echavarría), pero está claro que estos valses y boleros claves en la historia de la despechología ganan lo suyo gracias a la interpretación de Lucía. Ahí están Que nadie sepa mi sufrir, Ódiame y No me toquen ese vals para probarlo.
Ella no se ofenderá si aconsejamos escuchar el disco sin otra compañía que la de un aguardiente. De un aguardiente y muchas copas llenas de dolor.

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