No se trata de la idea más novedosa del mundo, pero funciona: el pianista Chano Domínguez arregla, con cierto aire de jazz, el repertorio de una veterana mujer de la música. ¿Les suena familiar? Fue lo mismo que hizo con Martirio, y que tan buenos resultados le dio en los álbumes Coplas de madrugá y Acoplados. Repite Chano, ahora como "pareja" de la compositora cubana Marta Valdés. A Valdés y Domínguez los presentó Martirio, con lo que hay todavía más puntos de coincidencia entre los dos álbumes anteriores y este. Detalle: quienes esperen de Valdés una voz portentosa pueden ir pensando en no medírsele a este disco. La verdad es que Domínguez tuvo que rogarle a Valdés que venciera unas cuantas vergüenzas íntimas para ponerle voz a un repertorio bien sentido. Vale como testimonio, como documento sonoro y como álbum para escuchar más con el alma que con los oídos.
Además de su repertorio, Valdés interpreta música de Piloto y Vera, René Touzet, Ñico Rojas y Ernesto Duarte. Un señor disco cantado por toda una señora.

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