Si bien es complicado ser rockero en español (ojo: no es lo mismo ser un músico exitoso que una estrella de rock) y no desfallecer en el intento, la antología de Fito Páez confirma que el rosarino es una verdadera y talentosa estrella de rock. Los treinta cortes de este disco doble ponen a Fito a la par de míticas bandas como Soda Stereo, Caifanes o Divididos. Al igual que ellos, y otro par de contadísimas excepciones (tal vez Café Tacuba, algunos discos de Charlie García o Aterciopelados), el legado musical de Páez es una magistral y escasa combinación de astucia, talento, caos y sofisticación musical que no necesitó caer en clichés contestatarios o cursis (léase como Los Prisioneros o Maná) para trascender. Delirium tremens, A rodar mi vida o Ciudad de pobres corazones recuerdan que a pesar de brillantes armonías como Tumbas de la gloria, Fito nunca perdió la furiosa esencia de una guitarra entregada al rock and roll. Otros cortes como el muy jazz Carabelas de la nada o la discotequera fusión de Yo te amé en Nicaragua demuestran que, además de pegajosas composiciones (Dar es dar o El amor después del amor), el melting pot de influencias de Fito está a la altura, si no por encima, de cualquier intérprete en el mundo.
Calificación:Una y otra vez

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