Da gusto que en los discos de los artistas se empiece a ver cierto temperamento, una intención definida. Ya lo veíamos venir en su segundo disco, Contacto, y ahora podemos corroborarlo en su tercer trabajo. Cabas sabe para dónde va y le mete tripas y corazón a lo que hace. Eso es lo más importante del resultado de Puro Cabas. También podríamos elogiarlo por la calidad de su producción y decir que fue grabado en Monterrey con los perencejitos más famosos del mundo de la música, incluso con la participación de los Black Eyed Peas. Hay desde entripados difíciles de digerir dedicados a la mexicana Ely Guerra (Chiles rellenos), hasta magistrales evocaciones de los Beatles que ponen la piel de gallina (Increíble). Canciones de todos los sabores y colores con un solo dios verdadero: el Caribe. Especial atención merecen La guacamaya por su fuerza y Caribe soy, porque es una composición de su padre, Eduardo Cabas, y con ella se comprueba el famoso dicho: de tal palo, tal astilla.

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