Nada más atractivo que una mujer poco convencional. Esta lo es. Negra española de garganta privilegiada, que canta coplas y tiene unos amigos de su madre viviendo en Cali. Habla poco en las entrevistas, pero canta mucho. Sus raíces están en Guinea Ecuatorial, y con ello se confirma que no es convencional ni en el pasado de su familia: Guinea Ecuatorial es, para empezar, el único país de África que habla español, el único que comparte con Gabón la administración de una ciudad (Cocobeach) y es, además, la única nación hispana en el mundo con mayoría de raza negra. Algo atractivo tenía que salir de tanta mezcla. Y salió.

Buika, que se llama Concha Buika, regresa por tercera vez a tiendas de discos (¿y web sites de descargas?) con Niña de fuego, donde insiste en cantar esa música española que aquí es respetada pero no muy comprada y le revuelve al asunto algo de sonido mexicano (así que no se extrañe si la sorprende interpretando Volver, volver). Como es costumbre —y que no la pierda—, Buika se presenta con una voz prácticamente desnuda de instrumentaciones artificiales y lejana de arreglos recargados. Será por ello que se muestra libre de ropas en la portada del disco y no asombra para nada verla como canta: sin nada que le cubra lo que mejor sabe hacer.

Buika no será objeto de atención generosa en emisoras, porque lo suyo, se sabe ya, espanta a los aliados de los sonidos ligeros. Dice en la contraportada del CD que "su voz vuela indomable y tierna entre árboles de agua, agua de luz y mentiras cobardes; su voz es como un beso desgarrador". Palabras que para muchos resultarán exageradas y algo cursis. Puede que sí, pero algo de cierto tendrán y siempre podrán llevarse a otras menos elaboradas: Buika lo hace muy bien.

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