Los paisas no pueden mantener el monopolio de Paula Ríos. Es hora de dejarla salir de casa y que se le plante a todo el país como lo que es: un producto musical impecable. ¿Ofensivo pensar en ella como un producto? Puede que sí, pero Ríos es producto de lo que ha oído toda la vida (rock, blues, jazz, bossa nova) y, de la primera a la última canción, su álbum La reina del dolor es producto de un esfuerzo artístico que pocas veces se ve. La reclamarán las emisoras de rock y las de pop también, y hasta las de balada. No habrá nadie que no le haga guiños. La reina del dolor, que hará pensar a muchos en el espejismo del despecho, fue producido en Medellín por el guitarrista Sebastián Mejía, y lo distribuye una nueva empresa, Star Entertainment Group que, dice, tiene listos otros dos o tres artistas para cuando pase el furor que va a despertar Ríos. La lanzan a emisoras con Esperando una llamada, pero bien podrían haber sido sencillos Amor extremo o La reina del dolor. Paula Ríos ha elegido presentarse como reina de los dolorosos, pero está claro que sus milagros serán gozosos. Hasta los puristas tendrán que reconocerle que podría salir a pelearles a mexicanos, argentinos y españoles de tú a tú. Mejor dicho: que lo suyo no es producto (¿al fin es o no es ) de la improvisación.

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