Llegó. La habíamos esperado por mucho tiempo. No diremos que desde 1967, cuando nació en San Francisco, porque en aquellos días quizás ni nosotros habíamos nacido, o apenas moqueábamos con placidez. Pero sí la esperábamos desde el setentaitantos, desde el ochentayalgo o, concedido, desde el noventipucho. La Rolling Stone colombiana respeta el concepto norteamericano de que nada en el mundo como la música pero no todo en el mundo es música. Marta Orrantia, su editora, dice que RS se va a meter con guerrilla, gobierno, paras, secuestros, finanzas, nación. Y, claro, se va a meter con Shakira, Cabas, Vives, Juanes y Aterciopelados. ¿y después? No después, quizás antes, con Petrona Martínez, Joe Arroyo, Diomedes Díaz y un jugoso etcétera de músicos pop... ulares.
RS circulará 40 mil ejemplares en Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú (lo que, vaya usted a saber desde cuándo, los gringos llaman el Cono Norte). Habrá en cada país corresponsalías y RS se apoyará, además, en la eficiente red de colaboradores de la casa Gatopardo. Con ellos, y la redacción de Colombia, se armará el 25 por ciento del material editorial y el otro 75 por ciento vendrá directamente de las ediciones de Argentina y Estados Unidos, y, más tarde, México y España.
Como diría un burócrata, "las garantías están dadas" para que RS no corra con la suerte de docenas de buenas y malas revistas de música que nacieron en Colombia y en esta misma tierra dejaron de existir. Brille para nuestra Rolling Stone, en esta tierra, la luz perpetua. Amén.

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