Cuando se dice que Miguel Bosé tiene treinta años, todas las mujeres están de acuerdo; aunque luego se aclare que son treinta, pero de carrera. Y, por lo mismo, por esa pasión que despiertan sus carnes en las féminas, es que ninguna de ellas (excepto la periodista Yolanda Ruiz) ha preguntado por qué su nuevo disco se llama Papito. Todas saben. Bosé, que además de amigas tiene amigos, los llamó a todos, a los más cercanos y a los más vendedores, para grabar un álbum de dúos con sus canciones favoritas. La cosa salió muy bien… entre otras, porque no canta ninguna con su amigo Francisco Santos. Julieta Venegas abre bien el disco acompañándolo en Morena mía; Shakira y Juanes están impecables en lo suyo (especialmente Juanes, que logra en Nada particular una de las interpretaciones vocales más ¿particulares? de su carrera); Alaska es la compañía perfecta para el sonido techno de Amante bandido y es Ricky Martin quien pasa casi inadvertido en Bambú. La voz de Amaia Montero es perfecta para Sevilla (su voz es perfecta, hay que decirlo, para todo), aunque si lo que se quiere es melosería, hay que ir directo a Te amaré, con Laura Pausini. Paulina Rubio fue la elección correcta para un sencillo, Nena, de buen pronóstico comercial… y así podríamos pasarnos la página entera regalándole piropos a quien no los necesita. Al fin y al cabo es obvio para cualquiera que él es un papito. Otra cosa: podrá titularse Papito, pero bien poco de lo que hace Bosé puede presentarse con diminutivo… ¡grande, pa!

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