Prince
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Todo estudiante universitario es de izquierda. hasta que muere su tía rica y hereda. Todo crítico literario es implacable. hasta que escribe un libro. Toda actriz de carácter se opone al desnudo. hasta que el guión lo presenta como 'algo artístico'. Toda reina de belleza es un dechado de virtudes. hasta que acaba el concurso. Todo tiene un punto de quiebre. También lo tiene Prince, que llevaba una década empeñado en no dar su brazo a torcer frente a las presiones de la industria y al menos un lustro comprometido con proyectos estrambóticos (y geniales, claro) pero no aptos para su emisión radial. Se acabó. Está de regreso con Musicology, un álbum del todo digerible, y tan rico como una caja de vitaminas. Lo respalda un Prince muy negro que pasa del funk a la sensualidad del rhytm & blues sin parpadear, y que no duda en pararse firmemente en ese pop que lo hizo estrella. Hay dos formas de regresar al circuito comercial: con un buen disco o con un mal disco. Prince, sin dejarse ensillar y poner el freno, eligió el primer camino. No faltará quien diga que se tragó sus principios, pero, al fin y al cabo, ¿quién dijo que uno no pueda tragarse los principios? Si son de uno.

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