The Mars Volta es una de las propuestas más interesantes que hay en el rock-no-pop. porque todo artista pop quiere posar de rockero sin serlo. Esto es otra cosa: un grupo cuya obsesión de no hacer música chatarra terminó, qué ironía, convirtiéndolo en fenómeno. Su nuevo álbum, Frances the mute, es de una riqueza tal que, a esta hora en algún lugar del mundo, hay un crítico concentrado en catalogar a The Mars Volta en cualquier subgénero del rock. Vale: hace rato que nadie ponía a los expertos a gastar energía en el tema, sobre todo porque ahora todo se rotula y embala con asombrosa rapidez. Omar Rodríguez, uno de los cerebros de Mars, declaró que "no sabemos lo que estamos haciendo, solo seguimos nuestros corazones y para nosotros esa es la cosa más importante, rock, punk o lo que sea". Reconocer que no se sabe qué se es tiene un valor enorme, sobre todo si, como en este caso, se trata de una declaración genuina y no prefabricada. Rock progresivo, por momentos algo recargado, sí, pero fiel a la idea de no caer en el lugar común. Por momentos, las voces pueden recordar a Robert Plant, la atmósferas a Pink Floyd y las maratónicas piezas a King Crimson, pero no lo suficiente para que alguien pueda hablar de plagio sin sentir vergüenza de lo que acaba de sugerir. ¿Plagio? ¿De qué, si nadie sabe a qué suena The Mars Volta?
Frances the mute
The Mars Volta
UNIVERSAL

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