Los hispanos que acompañan a Rodolfo, que es Mederos y no Aicardi, son doce, e integran un formato de orquesta típica que aprovecha el innovador bandoneonista para mostrar que también sabe sentir tangos y milongas al estilo tradicional. Admirador de Piazzolla, discípulo de Pugliese e intérprete de Gardel, Mederos se atreve a publicar tres discos en momentos en que uno solo sería ya un riesgo. Hoy en día nadie vende, pero a Mederos lo mueve más el placer que la billetera. Ni Intimidad ni Soledad están disponibles en Colombia, y no serán muchas las unidades que veamos de Comunidad, al que llega, dice, por la eterna necesidad de combinar instrumentos para un mismo fin: la música. Verdad de Perogrullo, que no lo es tanto en un mundo donde cada quien coge camino en la única compañía de la indiferencia. En la Comunidad de Mederos caben Gardel, Lepera, Greco, Piana, Arolas, Villoldo, Manzi y un invitado de origen flamenco, Miguel Poveda, que recibe el grato encargo de cantar la única pieza vocal del disco. Si quiere que digamos que Mederos está entre los dioses de la Argentina, exageraríamos, pero injusticia grande sería desconocer que de veras es bueno y es un tesoro que muchos no descubren aún.

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