Estimado Édgar:
Había pensado una y mil veces en la manera de dirigirme a ti cuando tuviera una oportunidad como la de esta carta abierta. La verdad, me resisto en forma visceral a llamarte "Campeón", como lo hacen en busca de tus simpatías futbolistas, políticos y periodistas: Édgar, ¿eres campeón de qué? ¿En qué torneo? ¿Practicando qué deporte? En todo caso, no me salgas con la historia de que eres "campeón de la sintonía". Pensé también en llamarte Senador de la República, pero en vista de que el Consejo de Estado te quitó esta investidura en un suceso que seguro preferirás no recordar, no me pareció conveniente empezar de esa forma esta epístola. Preferí entonces el camino seguro para no incurrir en inexactitudes. Simplemente: Estimado Édgar.
Lamento, eso sí, estimado Édgar, que el momento de escribirte estas líneas llegue en este triste y doloroso 2006, cuando te encuentras anunciando timbres de celular los domingos a las once y media de la noche después de haber sido el narrador más reconocido de la radio colombiana. Fue de tal intensidad tu momento de gloria que llegaste a aceptar la candidatura del Frente Unido de Negritudes de Colombia para las elecciones presidenciales de 2002. Ibas a ser algo así como el "Presidente Campeonísimo". Creo que ni Álvaro Uribe ha llegado a pensar en algo así.
Pero en mala hora llegaron las transmisiones de fútbol por televisión, y con dolor patrio empecé a comprobar que aquel narrador con base en el cual armaba mentalmente las imágenes de los partidos que oía por radio, en realidad equivocaba reiteradamente el nombre de los futbolistas que nombraba, perdía a menudo el ritmo de la jugada y analizaba la existencia del fuera de lugar según el equipo al que estuviera apoyando. Cómo sería el desastre que, sin mayor traumatismo, William Vinasco Ch. se convirtió en el dueño de las transmisiones de fútbol por televisión y ni rastros tuyos quedaron en estos eventos.
Édgar, ¿será que estás pagando tus excesos de otros años? Recuerdo las noches en que insultabas a mansalva a Jaime Ortiz Alvear en esa plaza de mercado que era La Polémica (la radial, no esta Telepolémica televisiva y trasnochada, que más parece un espacio de televentas que un programa deportivo), transmitida por Caracol y conducida por Hernán Peláez. ¿Y qué tal la vez que llegaste al estadio Metropolitano en helicóptero después de haber sido suspendido de tus transmisiones radiales? Hasta la canción más emblemática de Barranquilla te menciona:
"Cuando el Junior juega todo es alegría,
Narra Édgar Perea, ay, qué maravilla.
Baila las calles de noche
Baila las calles de día".
Sin embargo, no es momento de lamentarnos. Mal que bien eres una figura reconocida del medio (un medio mediocre y poco estudioso, pero figura al fin), tienes tu emisora Radio Mar Caribe Internacional: La Campeona y entiendo que aún en Barranquilla te dejan narrar los partidos del Junior. No es poco si consideramos que tus sesudos análisis futbolísticos sobre el funcionamiento de un equipo de fútbol se reducen al número de delanteros que formen en él y que tus aportes "periodísticos" en el programa en que participas se limitan a describir en términos generales la jugada que se presenta en la pantalla, porque ni siquiera conoces los nombres de los jugadores. ¿La frase "qué bello centro del muchacho del Huila" te resulta conocida?
Édgar: tenemos que pensar en algo. Tarde o temprano alguien se va a dar cuenta de que no tienes idea de quién es el técnico del Tolima, pero tampoco te suena Francesc Fabregas, y entonces te van a reemplazar por alguien que al menos lea las secciones deportivas de los periódicos. A mí toda la vida me ha dado la impresión de que algo debes saber de boxeo y de béisbol, y ahí tienes posibilidades, siempre y cuando dejes de hacer transmisiones piratas como las que hiciste de las Grandes Ligas el año pasado. Trabajemos ese aspecto, porque a punta de despedirnos con "Sean felices, Édgar les dice" poco nos va a durar el cuento.
Te escribo todo esto con ánimo constructivo, ya que desarrollé por ti un tímido aprecio desde las épocas en que escuchaba con mi hermano tu programa radial de la una de la tarde, en el cual desplegabas durante toda una hora encendidos discursos sobre fútbol y política, elaborando los más absurdos argumentos con razonamientos que no resistían la más mínima prueba de lógica. En resumen, Édgar, te escribo todo esto porque no tengo con qué pagarte tantas risas durante tantos almuerzos.

CoÓMO HABLAN LOS DEPORTIVOS
El periodista Adolfo Zableh presenta los términos como los utilizan los comentaristas deportivos, analizados por dos expertos: Manuel José Botero Camacho (doctor en Filología, Universidad Complutense de Madrid y Ccoordinador académico del Instituto Caro y Cuervo) y Marcos Niño Ruiz (ingeniero de sistemas, biólogo y lingüista investigador asociado del Instituto Caro y Cuervo).

Volantear: se dice cuando el jugador desempeña una función estratégica (la de volante) en el campo de juego.
No existe un verbo sinónimo, la expresión correcta sería: jugar de volante.
Saltabilidad: cualidad que se predica de un jugador que salta alto, bien y que puede sostenerse en el aire más tiempo que sus contrincantes.
No existe un adjetivo sinónimo, la expresión equivalente más sucinta sería buen saltador.
Verticalización: acción o efecto de jugar hacia el arco contrario de la manera más directa posible.
La expresión correcta sería cambiar la estrategia de ataque por una más directa.
Recepcionar: ser objeto indirecto de la acción de dar el balón.
La palabra no existe. Expresión correcta: recibir el balón.
Volante tornante: volante que regresa rápidamente a su posición estratégica después de asumir otras funciones en el campo.
Expresión correcta: volante que retorna.
Volante corrector: volante que cierra los espacios desprotegidos que dejan sus compañeros. Volante encargado de corregir.
La expresión es correcta.
Marca presionante: ejercer la marca con insistencia y presión.
Expresión equivalente: marca cerrada, opresiva, insistente.

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