Señor Mejía:
Pensará que estoy loco, pero por
estos días no dejo de pensar en usted. Lo recuerdo porque, ante las últimas revueltas juveniles en París, viene a mi mente aquel mayo del 68 en el que, asumo, aún era feliz.
Ese año dejó la natal Cali y se fue a vivir a Medellín. Cuentan que quiso ser hippie y que, peludo, asistió a Ancón -nuestro Woodstock. Sus amigos aseguran que era un bohemio. Cuesta trabajo imaginarlo ahora, pero haciendo un esfuerzo puedo verlo embluyinado y con camisa de terlenka floreada, leyendo a los nadaístas y soñando con un mundo mejor.
Sin embargo, algo pasó. No sé si fue su viaje a España o las malas compañías, pero aquel muchacho sensible que nos dejó en el 70 volvió hecho un tósigo. Y -todo hay que decirlo- un mediocre.
Encontró refugio en un yermo intelectual, entre un grupo de señores maleducados que dedican sus días a hablar de un juego.
Sí, el fútbol es una maravilla, en eso todos coincidimos. Pero de disfrutarlo y conocerlo a tratar de analizarlo teóricamente hay un trecho. Usted lo sabe. En un rapto de sinceridad, llegó incluso a confesarnos: "Cuando hay que hablar tres horas al día frente a un micrófono se dicen muchas barbaridades".
Lo suyo, Iván, son tres horas al día durante muchos años; demasiadas barbaridades. Más que de ellas, el paso por las emisoras de Súper y Prodeportivo, por las páginas de Cronómetro y el Nuevo Estadio han dejado registro de su tragedia.
Lo entiendo. Es común pensar que, metida la mano, no hay inconveniente en untarse el codo. Vencido el idealista, ha optado por posar de bravucón y hacer lo más fácil: destruir. Desgraciadamente, tras la lengua venenosa y el supuesto carácter implacable todos seguimos viendo a aquel gordito que nunca pudo jugar el juego del que habla todo el día.
Ay, Mejía, ¿qué le pasó? Iba por buen camino. Duele aceptar que pasara de ser un adolescente romántico a repetir una, mil veces, ociosidades circulares. Se resignó a no hacer. Ante una dirección técnica hipotética, por ejemplo, no dudó en afirmar: "Nunca me ha interesado el tema. No tengo ese tipo de veleidades o manías...". Asumió la práctica como una voluntad imperfecta, una idea fija derivada de la locura.
Por otra parte, su discurso se volvió deliberadamente resbaloso: "No tengo preferencia por ningún árbitro, todos se equivocaron alguna vez y acertaron las más. Y de 'torcidos', son tantos que no alcanzan los dedos de la mano y los pies de todo un equipo de fútbol para mencionarlos." ¿Qué quiso decir? ¡Nada!
Nada, cuando afirmó que "Miranovic ha resultado (ser) un solemne petardo como técnico, es mala persona, grosero, intemperante, cometero y patán", o que "Choronticas (Restrepo) es futbolista de pista de baile en la casa". Son descripciones o afirmaciones tan etéreas, tan vanas y caprichosas, en últimas tan ligeras, que difícilmente podrían construir un argumento y, en consecuencia, ser debatidas.
Es lo que nos ofrece: un gordito de discurso liviano que se siente defensor de la verdad, fiscal de causas perdidas. Pero su mente lo traiciona, y termina escribiendo sobre lo único que un ser humano puede escribir: sobre sí mismo. Es impresionante reconocerlo en aquello que creyó atribuirle a Reinaldo Rueda:
"Rueda no es propiamente un técnico espectacular, ni un hombre arriesgado, ni un táctico consumado, ni un virtuoso del banco, ni un brillante adiestrador. Es un técnico gris, escaso en variantes, limitadísimo en los movimientos, con algunas virtudes a la hora del planteo previo. Analiza a los rivales, tiene buena documentación de los enemigos, y generalmente juega a las mismas fórmulan."
Sí, es usted, Iván. Cada adjetivo le cabe. Ha escrito el triste autorretrato que su inconsciente le pinta.
Volvamos al 68. Hoy, como entonces, los muchachos parisinos, reflejo de lo que usted pudo haber sido, vuelven a presentarnos el sueño de un mundo mejor. Enfrentan la injusticia y la vencen.
Usted, en cambio, dedica sus esfuerzos a pelear con alguien tan irrelevante como Álvaro González. Y no pasa nada.

CoÓMO HABLAN LOS DEPORTIVOS
No gravitar: no intervenir directamente en la acción de juego o sin desempeñar una posición fija en el campo.
La definición de la Real Academia de la Lengua Española es: (Del lat. gravtas, -tis, peso). 1. intr. Dicho de un cuerpo: Moverse alrededor de otro por la atracción gravitatoria. 2. intr. Dicho de un cuerpo: Descansar o hacer fuerza sobre otro. La expresión equivalente sería: jugar pasivamente.
Andarivel: límite del terreno de juego ("salió por el andarivel izquierdo").
En la segunda acepción del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, el andarivel es la cuerda colocada en diferentes sitios del buque, a manera de pasamano, para dar seguridad a las personas o para otros usos; es decir, son los límites de los caminos del buque; por lo tanto, aunque un poco rebuscada, parece tener sentido la metáfora. Expresión equivalente: línea de campo
Futbol: (en el caso de los comentaristas mexicanos): la palabra es un anglicismo, que traduce literalmente: Balómpié. Si se respeta la pronunciación inglesa, es necesario que se escriba con tilde en la "u", puesto que es una palabra grave terminada en "l". Si la palabra se acentúa en la "o", no se debe colocar esta tilde porque las palabras agudas terminadas en consonante, diferente de "n" o "s", no la tienen.
Técnico-táctica: característica que conjuga elementos técnicos y tácticos.
La expresión es correcta, pues si se quieren utilizar dos sustantivos para incluir los dos significados se deben separar por un guión.
Carrilero: jugador que se desplaza por alguno de los costados laterales del campo de juego contrario. La única acepción que le otorga el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es un término coloquial de Chile que significa "embaucador".
Expresión correcta: jugador que actúa por el costado
Primer sector-segundo sector: para referirse a diferentes zonas del campo.
No es claro si se trata de una expresión unida con guión o dos sectores diferentes del campo.
Apear del balón: despojar al jugador de la posesión del balón.
Si bien el sentido de la expresión es correcto, su uso es inadecuado, puesto que sería lo mismo que decir "bajar del balón". Expresión correcta: quitar el balón.
Repentización: acción o efecto de "repentizar". Repentizar: acción deportiva que se ejecuta haciendo uso de extraordinaria destreza tanto física como mental. Acción repentina.
Este verbo no existe. Expresión correcta: acción asombrosa.
Maderamen: parte de la estructura que conforma el arco.
La definición de la Real Academia de la Lengua Española es la siguiente: conjunto de maderas de una obra o construcción. La expresión como metáfora es correcta; además, los arcos de fútbol en el pasado eran fabricados con madera.
Tarjeta hepática: se refiere a la tarjeta amarilla.
Si se entiende que uno de los síntomas de padecer hepatitis es tener una tez color amarillento, la metáfora es, si bien un poco rebuscada, válida.
Floritud: se usa para adjetivar una jugada muy fina y elegante.
La palabra no existe. Expresión equivalente: jugada hermosa.
Practicar un fútbol higiénico: expresión metafórica que se refiere a que se juega limpio.
Expresión correcta: jugar al fútbol limpiamente.

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