Después de varios años de experiencia -en el periodismo y en la rumba- he aprendido a conocerlos muy bien. A fuerza de múltiples encuentros he desarrollado una capacidad casi 'animal' para detectar su presencia. Sé que ya llegaron y, la verdad, a veces no necesito verlos, y tengo la certeza de que en minutos seré asaltado por ellos. Es posible adivinar que están allí, agazapados, agarrándose de un vaso de trago, mirando de reojo, masticando las ideas que le asaltan el cerebro pateado y abollado por los azotes de la parranda de turno. Empiezan a dar vueltas en círculos casi perfectos. Círculos que se van cerrando poco a poco. Tratan de cruzar una mirada para crear cierta familiaridad antes de lanzar la primera frase que, por lo general, llega en forma de un destemplado alarido a un lado de la nuca. Ellos hablan así, gritando cerca de la oreja, salpicando babas con vodka, jalando la solapa del saco, clavando violentamente el dedo índice a la altura de la clavícula para reafirmar su presencia y llamar la atención sobre la importancia de su discurso. El primer alarido del borracho que quiere hablar sobre periodismo en medio de una fiesta puede ser algo así: "Yo lo había visto por aquí, y quería decirle que usted es un verraco. (aquí viene un pequeño eructo. Se lleva la mano a la boca. Mira al piso tres segundos y continúa)... le decía que usted es un verraco.... Allá en RCN es donde trabaja José Alfredo Vargas, ¿cierto?". "Jorge Alfredo Vargas, se llama Jorge Alfredo", le contesto. "Sí, eso. José Alfredo, que es muy serio". Aquí se lleva la mano a la boca de nuevo. Guarda silencio cuatro segundos. Fija la mirada en un punto que está justo detrás de mi hombro izquierdo y donde, estoy seguro, no hay sino un muro de ladrillo. Y alcanzo a percibir un extraño parpadeo. Como precaución ante ese claro síntoma de maluquera, me retiro un paso.

En ese momento resucita, me alcanza su mano y agarra la solapa de mi saco, me acerca la boca a la oreja y de nuevo, entre una lluvia de babas y vodka, vuelve a gritar. "Hermano, con todo respeto, déjeme decirle tres de las mierdas...". Deja el vaso a un lado, se coge el dedo meñique y dice: "Primero, ¿por qué no meten más cultura en los noticieros? (sacude el dedo meñique con singular fuerza)... mire que eso a la gente le gusta verracamente. No hay como ver un hijuemadre cuadro bien chévere, o un concierto bien elegante, y saber dónde son las exposiciones y, hermano, eso a la gente le gusta. Seguro.".

"No lo dudo", le contesto. Nuestro personaje no ha escuchado bien lo que acabo de decir, y viene de nuevo el alarido: "Qué, ¿quéeeee?". Otro eructo lo asalta después de gritar la pregunta. Esta vez, en un gesto de cortesía conmigo, lo almacena en la boca, se le inflan los cachetes y sopla a un lado, justo cuando va pasando una de las niñas más bonitas del lugar.

Le digo que, en efecto, hay que buscar temas interesantes en el área de cultura y que voy a tener en cuenta su sugerencia. Trato de poner tonito de punto final al encuentro y saludo con mucho interés a alguien que está lejos, tratando de expresar cierta urgencia en mi rostro y volarme de ahí . "Bueeeno..., tengo que saludar a un amigo... Nos vemos ahora", le digo. "Un momentico. Son tres de las mierdas... y apenas le he dicho una", responde con énfasis alcohólico mientras se agarra de nuevo el meñique. "Siéntese y cuénteme una vaina: (en ese instante me clava tres veces el dedo en la clavícula) ¿por qué no meten en los noticieros más noticias positivas?". Se calla un instante, se queda mirando al Dj del lugar y dice: "Esa salsita que está sonando me encanta... (y le pega erráticamente con el mezclador de plástico al vaso, y el tipo jura que tiene más ritmo que Tito Puente)... mejor dicho, aquí hay gente que hace empresa, que hace patria... es que aquí todo el mundo tiene que ser bandido, guerrillero, guaricha o futbolista para salir en los periódicos y en la televisión. Por ejemplo, yo tengo un primo en Mariquita que está empezando a exportar mangostinos y aguacates, y eso es una verraquera, ¿o no?".

"No lo dudo", respondo. "Si quiere llámeme el lunes al noticiero y miramos si podemos hacer alguna información de interés con la empresa de su primo".

El hombre trata de apurarse otro trago largo, pero se da cuenta de que solo tres hielos flacos flotan en el fondo del vaso, marcado con 17 huellas digitales, muy visibles en la grasa del vidrio. Queda muy poco vodka. Se toma lo que queda. Muerde los pedazos helados y ni siquiera la música puede ocultar el sonido que produce esa detestable trituración.

"¿Qué le iba a decir? Ah sí.... pero contésteme en serio y no me diga mentiras porque yo estoy bien 'datiao'". Pone carita de yomelassétodaspapánomelamonte, mira para lado y lado, y se me acerca de nuevo a la oreja gritando: "¿Es verdad que los directores le hacen su 'castin' privado en la Costa a las viejas de farándula como la Andrea Serna, y la Bahamón, y Catalina Aristizábal y la Tono?".

"No, hombre, ¡cómo se le ocurre!", respondo tajantemente. "Cómo no, yo estoy bien 'datiao', y yo sé cómo son los directores, y los presentadores como José Alfredo... (¡Jorge Alfredo, se llama Jorge Alfredo!). En vez de ser tan perros, ¿por qué no meten más cultura en los verracos noticieros?". Otro viento proveniente de sus entrañas viene en camino. Mano a la boca. Se pone de pie y se va para el baño, chocando con dos meseros y tres personas. Me quedo en la barra mirándolo, desolado por el tiempo perdido en esta fiesta. Él trata de abrir la puerta del W.C., me mira y "todo pícaro" (como dice una prima), se da un golpecito en el pecho, imitando a Adriana Tono. "Lo llamo el lunes para lo de mi primo", me grita antes de entrar al baño y perderse para siempre.

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