¿Cómo se deben chupar y tocar las tetas?

¿Cómo se deben chupar y tocar las tetas?

Si quiere saber qué hacer y qué no al momento de estar frente a unas tetas, tome nota de estos consejos que le da Marta Orrantia.


Los hombres se fijan mucho en las tetas y cuando describen a una mujer, siempre empiezan por ahí. No dicen que tiene una nariz respingada o unos pies grandes, sino unas tetas grandes o unos pezones parados, y a continuación proceden a hablar del culo. Pero siempre empiezan por las tetas, porque ejercen una extraña fascinación en ellos. Es como si fueran platillos voladores que acaban de aterrizar en la Tierra. Son bichos apetecibles que, además de resultar atractivos por sí solos, son la promesa de que hay más. Si un tipo llega a la teta, puede seguir avanzando hacia abajo, y si sabe cómo tocar las tetas, cómo estimularlas, lo más probable es que consiga que se abran las piernas.

Las tetas son un punto muy sensible para nosotras, es cierto, pero a pesar de eso los hombres no tienen mucha idea de cómo acercarse a ellas. Está el pudoroso, que piensa que un roce de su piel será suficiente, y siempre se equivoca, porque lo que produce son cosquillas y no placer. También está el violento, que cree que agarrándolas duro es que nos vamos a excitar. Uno termina gritando, claro, pero no de placer. Sin embargo, en el amplio espectro entre uno y otro se encuentra la mayoría de los hombres, que creen que se las saben todas, y resulta que no. A veces a uno lo chupan con tantas ganas que es inevitable preguntarse si esperan que salga leche de ahí. O lo lamen con tanto esmero que uno no sabe si está con un hombre o con un perro. Ocurre, aunque parezca increíble, que algunos creen que al pellizcar el pezón o al morderlo con fuerza uno va a sentir placer. ¿Será que les gusta que uno les clave los dientes en un testículo?.

 
El equilibrio es difícil y es siempre el resultado de prueba y error, porque hay mujeres a las que les gusta de una forma o de otra. A mí me gusta que me besen las tetas, que jueguen con la lengua para estimular el pezón, que usen toda la boca, siempre con firmeza pero sin ser bruscos, y también me gusta, aunque suene extraño, que no se engolosinen ahí. Al cabo de un rato me aburro del manoseo en las tetas y quiero que se muevan más allá. Las tetas son, es cierto, la puerta del resto del cuerpo, y una vez que esa puerta se abre, los hombres deben entrar y ponerse cómodos.

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