Adriana tiene 23 años y el pasatiempo de darse besos con sus amigas en los bares de trance. Se les va acercando bajo el diluvio de la música, les baila enfrente como si estuviera provocándolas y empieza a acercarles la cara. Y se da el beso. Varios besos. Besos largos. Algo parecido hacen Carolina (20), Sara (19), Paula (20) y Marcela (25), sus amigas de rumba nocturna.

Ninguna de ellas es extraña. Todas estudian en buenas universidades, provienen de familias adineradas, fueron criadas yendo a misa y son bonitas. Lo único diferente es que, a estas alturas del siglo, las mujeres han derrumbado sus barreras sexuales y, desatadas de la vieja moral, están dispuestas a romper los tabúes que se les atraviesen. Se besan para atraer la atención de los hombres; para explotar la carga erótica que llevan por dentro. Y para sentir una seducción profunda que no importa de dónde viene sino hacia dónde llega.
SoHo invitó a estas cinco mujeres para que hablaran del tema alrededor de unas tranquilas botellas de vino...

SoHo: ¿Ustedes necesitan o no a los hombres para sentirse sexualmente completas?
Adriana: Claro que los necesitamos, pero esto de los besos no tiene necesariamente que ver con ellos.
¿Entonces?
Carolina: Tiene que ver con lo erótico, con los límites a los que llegamos sin ser necesariamente lesbianas. ¿O parecemos lesbianas?
¿Cierto que no?

Sara:
¡Exacto! Yo no soy lesbiana pero, cuando las cosas se dan, la química con una mujer puede ser tan fuerte como con un hombre…
Carolina: A veces más, porque las mujeres nos preocupamos por atraer. Cuando una mujer se arregla, lo hace pensando en las otras mujeres… yo, por lo menos… y sé que las demás me miran.

¿Recuerdan esa primera vez, ese primer beso con una amiga?
Adriana: Desde el colegio a mí no me ha importado ducharme con mis amigas y hablar de sueños húmedos mientras compartimos el chorro de agua caliente. Hay confianza y hay roces.
Carolina: Mi primer beso con otra mujer fue en la excursión a Aruba. Nos echábamos bronceador en la cola, cerca al hilo dental, o en cualquier otra parte del cuerpo, con tal de no ensuciarnos las manos con la arena. Comparado con eso, un beso donde se sienta la lengua de otra mujer no es nada.

Todo parece muy espontáneo, ¿pero lo es así también cuando hay hombres cerca?

Marcela:
Yo lo veo como una lección para los tipos. Ver dos mujeres besándose es para ellos una fantasía segura, y me encanta que se puedan dar cuenta de lo rico que es ser mujer y de lo que nunca van a poder sentir.

Sara: Pero habría que explicar por qué son incapaces de sentirlo así, las diferencias que hay entre el beso de un hombre y una mujer y el de dos mujeres…

A ver…

Paula: Las diferencias son muchas. Las niñas somos más suaves y olemos mejor. Abrimos menos la boca, no somos tan agresivas, no buscamos marcar territorio; es una burbuja dulce, los hombres no podrían penetrarla, a pesar de que viven obsesionados con “penetrar”.

Marcela: Las mujeres estamos hechas para el placer. Eso crea un entendimiento natural.

Adriana: A una mujer no se le ocurre morderte y, si lo hace, es mucho más delicada, menos torpe. Me da más confianza con una mujer, cierro los ojos y me entrego más. No sé si es por lo cotidiano y lo excepcional, pero con una mujer se eleva el grado de emoción, de erotismo, de energía.

¿Son más generosas las mujeres con el sexo entre ellas?

Sara: El homoerotismo es muy sincero, las mujeres somos en general mas minuciosas en los sentimientos y la forma de expresarlos.
Tenemos derecho a ser extrovertidas, tocamos con menos ansia.

Adriana: Para mí es cuestión de conocer los puntos adecuados. Es como leer el libro abierto de lo que quiere la otra mujer y dárselo. Con los hombres es lo mismo, pero ellos ahogan sus necesidades con machismo y parecen viviendo en las cavernas.

Marcela: No es que uno se bese con otra mujer para vengarse de los hombres. Lo que pasa es que en la boca de la mujer hay sexo y en la de los hombres escasea.

Cuando una mujer entra en contacto con otra, a través de un beso muy profundo, ¿siente que ya no hay necesidad de volver con los hombres?

Paula:
Yo siento que al final las mujeres no tienen “aquello”. Por eso a la hora de la verdad yo siempre vuelvo al bigote que pica, a las manos ojalá grandes y atrevidas, al cuerpo peludo, las uñas cortas y el pecho plano.

¿Qué pasa, Carolina?
Carolina:
No, es que me da risa acordarme de cuando el sábado pasado Julián nos dijo: “¡si son tan berracas se dan un beso en la boca!”… ja,ja, ja… ¡La cara que puso!

Marcela: Sí, siempre pasa. Ellos no saben con qué juegan ni qué hay de fondo.

Paula: Creen que para nosotras es un misterio, pero es simple. En la medida en que conozcas tu cuerpo puedes saber mejor cómo aproximarte a uno igual o parecido. Todas las mañanas me miro en el espejo desnuda, hago poses, me pico el ojo, me toco el pecho, me pongo las manos entre las piernas, me encuentro tan sensual que me embobo.

Adriana: Para mí también es más fácil en ese sentido. Besar a una mujer es como besar un espejo y por eso muchas veces es menos traumático que estar con un hombre.

Sara: Yo lo asocio con la masturbación. La femenina es más intensa y elaborada que la masculina. Una mujer no se masturba todos los días ni piensa en sexo a toda hora. Las mujeres no estamos en celo permanente y cuando nos masturbamos demoramos más, tenemos más elementos que conjugar, más formas y lugares donde tocarnos… a mí me gusta hasta quitarme las medias.

¿Cuando se masturban piensan en otras mujeres?

Sara: No necesariamente, pero ayuda a la excitación.
Paula: Desde que me doy besos con mis amigas, un poquito más, pero creo que la masturbación es la búsqueda de lo que entre nosotras no nos podemos dar. Es decir, “aquello” que ellos tienen y nosotras no.

Cuando una de ustedes besa a una amiga, ¿qué se le viene a la cabeza?

Carolina:
Hay miles de imágenes y es muy justificable porque, con lo explotado que está el cuerpo de la mujer, a veces incluso me confundo cuando veo a Ana Sofía y no sé si es que quiero ser ella o tenerla a ella con su “color dorado tan intenso y provocativo”. Ese mensaje también nos llega a las mujeres y, se lo juro, no soy lesbiana. Pero, ¿quién se resiste? Es normal.

¿Se han arrepentido de besarse con una amiga?

Sara:
La primera vez que me di besos estaba borracha, no me acuerdo si fue idea de ella o mía, pero pasó, fue muy especial y no me arrepentí para nada.

Más detalles…

Sara:
Estábamos en Punta Cana y nos la habíamos pasado caminando por la discoteca. Para no perdernos, íbamos cogidas de la mano y no encontrábamos a los amigos con los que habíamos ido. Nos pusimos a bailar y no sé por qué todo el mundo comenzó a rodearnos y ella me fue a decir un secreto y nos besamos. Fue muy natural, nos reímos y nos fuimos al baño a echarnos agua en la cara. Yo creo que fue el calor.

¿El de ella o el tuyo?
(Todas se ríen)

Carolina: Yo acababa de cumplir 19, fue un beso ligero pero un momento muy intenso. Estábamos en un baño. Ahora que lo pienso, creo que ella sabía que eso iba a pasar y, además, tenía más experiencia con mujeres. Me tocó sin miedo detrás de la nuca, me olió las muñecas, me apretó el pecho contra el suyo. Volteó los ojos como llena de placer y yo le pasé la lengua por la oreja. Es la vez que me he sentido más deseada en mi vida.

¿Sobrias, borrachas... extasiadas?

Carolina: Sobrias, plena conciencia. Pero, claro, un momento como ese emborracha más que una ciénaga de ron.

Paula: Mi primer beso con una mujer fue cuando yo era muy chiquita, a los 12 años, y no me había dado besos con hombres. Mi prima de 15 ya estaba cansada de mi asedio, porque yo todo el día estaba preguntándole “¿qué se siente en un beso, qué se siente en un beso?”, y me dijo que era como comerse una ostra. Luego mi prima decidió mostrarme cómo era un beso.

Marcela: A mí la cosa se me fue un poco más lejos. Había ido a rumbear con una amiga y nos quedamos a dormir en su casa. Llegamos y estuvimos charlando hasta las tres de la mañana. Como estábamos “pasadas” a trago nos metimos a la ducha. Terminamos besándonos y tocándonos y… bueno…

Bueno, ¿qué?

Marcela:
Pues… salimos de la ducha y pasó lo que tenía que pasar, un contacto más profundo. Hicimos una especie de tímido 69, muy natural. No ha sido el mejor de mi vida, pero funcionó.

¿Crees que se te fue la mano?

Marcela: Para nada, estuvo bien y no me arrepiento. Cuando uno está colgando lo mejor es caer. Yo caí, tuve la experiencia y hoy sigo pensando que valió la pena.

Adriana: Así muchos se escandalicen cuando oyen la palabra bisexual, para mí no es más que una experiencia.
Entonces alguna vez tú también pasaste la raya después de los besos…

Adriana: Sí.

Nos gustaría saber cómo fue.

Adriana: Diferente de Marcela, porque en mi caso hubo un hombre de por medio, mi novio. Él venía diciéndome con insistencia, medio en broma, que si yo conseguía una amiga para que lo hiciéramos él se encargaba de convencer a un amigo. Solo para verle la cara me conseguí la amiga, pero yo tenía más ganas de satisfacerme que de molestarlo a él. A la hora de la verdad él se echó para atrás, se puso muy incómodo, no sabía qué hacer. Mi amiga y yo comenzamos a besarnos, a tocarnos, a quitarnos la ropa y él se limitó a sentarse, a mirarnos. Él se nos borró, porque lo que estábamos teniendo era cosa de las dos.

¿Y él nunca pudo participar en el asunto?

Adriana: Ese día apenas se pudo masturbar. Después, sí, pero ya con otra amiga y las cosas entre él y yo ya no fueron iguales. Los hombres hablan mucho y cumplen poco.

Sara: Las historias son personales, pero la enseñanza es la misma: no hay nada de malo en el sexo, pero los prejuicios lo oscurecen
…y los hombres están llenos de ellos…

Marcela: Pongámosle cuerpo a la idea: un hombre, por ejemplo, nunca admitiría que, de pronto, otro tipo pueda darle un blow job mejor que una mujer. ¿O sí? Con nosotras es distinto: con las mujeres todo se vale.

BESOS DE PELíCULA

Para premio MTV: el beso de Sarah Michelle Geller y Selma Blair en Cruel Intentions.

El más cariñoso, el de Jennifer Tilly y Gina Gershon para la cinta Bound, en 1996.

Piedra de escándalo. Amparito y Margarita Rosa, dos Hinojosas ardientes.

Otro criollo: Alejandra Borrero y Marcela Gallego en Perfume de agonía.

Lucy Liu besa a Cameron Díaz. Ensaya lo aprendido en Ally McBeal.

La fornida Xena seduce a Gabrielle, su escudera. Dulce talón de Aquiles de la heroína.

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