Hace dos meses empecé a coleccionar noticias y cosas que bajo de internet. He encontrado de todo: un gringo que en un tripichín televisado perdió la virginidad con una actriz porno y un enano, un niño brasilero de 9 años, que murió apaleado por sus compañeritos de colegio, un anciano italiano que buscaba una familia que lo tomara como abuelo adoptivo y lo llevara a vivir con ellos, etcétera. Pero la lista colombiana no se queda atrás y tiene cosas pintorescas como que una guerrillera capturada en Caquetá y uno de los soldados que participó en la operación resultaron ser hermanos, y 150 prostitutas que amenazaron en Ibagué con marchar desnudas por la vía pública en protesta por su reubicación (habría sido bello, pero no sucedió); también tiene otras cosas tan estúpidas como la pelea de los bares swinger, la fan estúpida de Paola Turbay y, tararán tarán, el descubrimiento número uno de la pendejada: en Colombia hay skinheads. Sí, señores: nacionalsocialistas de bandera esvástica y todo.
Tiene que ser uno muy güevón en la vida, o tener un trauma muy berraco, para terminar siendo un skinhead colombiano. Para empezar (qué ternura), el líder, según la noticia aparecida en El Tiempo, recibe el apodo de Stalin, que según la historia era uno de los principales enemigos del Reich. Si Hitler fracasó fue en parte por culpa de Stalin. Es como si el líder de una secta satánica se hiciera llamar Jesús de Nazareth.
"No toleramos que las razas se mezclen, para conservar el linaje de las familias (...). Buscamos mejorar y homogeneizar la raza pura. No se trata de ser rubios; pero el que sea mestizo debe buscar a una mujer blanca para mejorar su descendencia", dice uno de ellos. A los extranjeros tampoco los quieren porque, dicen, "nos humillan con sus dólares y nos tratan como indios" (pero si en el fondo están de acuerdo con los extranjeros: ojo a las itálicas). Yo sé que esto puede ser tomado como una evidencia más de que esta esquina del continente continúa siendo Macondo, solo que en lugar de mangos e iguanas tiene skinheads y amenazas de desfile nudista en Ibagué. Pero como ellos, hay gente que se toma estas cosas en serio, he aquí unos ejemplos:
- La señora (las hay) que se enchicha con su hija adolescente porque no se consiguió un novio más blanquito y de mejor familia, y trata a su yerno como un criado.
- Samuel P. Huntington, catedrático de Harvard, que este año publicó un libro comentadísimo y controvertido en Estados Unidos -ahora en los estantes de las librerías nacionales- llamado ¿Quiénes somos?, donde dice que los latinos "desconfían de la gente ajena a la familia, no tienen iniciativa, son ambiciosos, no creen en la utilidad de la educación y aceptan la pobreza como una virtud necesaria para entrar al cielo".
- Los soldados que abusaron de presos en la cárcel de Abu Ghraib y los fundamentalistas que decapitan extranjeros en Irak.
Todos ellos comparten la misma trinchera ideológica con los skinheads colombianos y me parecen, sin excepción, malos bichos. Además, en un país que ya está lleno de odio y violencia, en este país donde todos tenemos alguien a quien llorar y no pocos tienen un cadáver a cuestas, en esta patria donde campea el miedo y que en la búsqueda de la paz apenas ha alcanzado la calma de los sepulcros, hay unos tipos promoviendo la intolerancia, acomplejados porque los tratan como indios y buscando a ver cómo blanquean su descendencia con una niña que seguramente no será Pombo o Urrutia (igual de mestizas), ni será francesa o alemana, pero sí blanca aunque de anónimos abolengos fraguados entre genes cundiboyacenses y paisas de apellidos comunes y corrientes. Y estos tipos promulgando, ¡aquí en Colombia!, la pureza de la raza y, hágame el favor, el linaje de las familias.
Yo me pregunto cuántos de ellos tendrán su árbol genealógico (investigado, rastreado hasta 1492) exento de chibchas, y por qué les daría vergüenza reconocerlos. Y me pregunto si alguno ha pensado en viajar y presentársele (cubierto de esvásticas y logotipos de las SS como un adidas chiviado en las entrañas de sanandresito) a sus colegas alemanes: "Hallo, freund, soy John Jairo Piraquive, skinhead colombiano", a ver si no lo agarran a patadas.
Termino con una paradoja: este país es el único en que los seguidores de Stalin afirman ser uribistas. Ahí van unos voticos para la reelección, señor presidente.

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