Aunque han tratado de presentarse como los primeros boleros en este país, ni Indiana de 1927, ni la Niña de los ojos verdes podrían serlo. El primero, interpretado por José Moriche y Arturo Patiño, se elimina pues resulta un aire valseado y. El segundo, de Daniel Lemaitre pues cual solo hay partitura y no una grabación oportuna en su tiempo.

nos sumamos a las conclusiones de la mayoría de los investigadores que siguen desde Hernán Restrepo Duque y que ubican a Te amo, de Jorge Añez (Bogotá 1892- 1952), como el primer bolero colombiano. Este bolero resultó tan bello que lo cantó y grabó a dúo el autor en 1929, con uno de los grandes artistas mexicanos de la época, como fue Tito Guizar. De su vigencia dan cuenta, otros registros más recientes, como las versiones logradas por Obdulio Sánchez, el Trío América y María Cristina, entre otros.

El bolero en Colombia sigue muy vigente. muchos intérpretes con aptitudes, preparación académica, personalidad artística con innegable calidad, sentimiento y conexión con el público siguen como ilustres ignorados del sordo país. Es el caso de eximios boleristas, como Jorge Hernán Baena, Mauricio Ortiz, Lorena Bloom o María Elvira Escandón y muchos otros artistas.

Carlos Julio Ramírez, la primera voz lírica de Colombia, se presentaba como oriundo de  Bogotá, aunque en realidad su tierra natal era Tocaima, donde nació el 4 de agosto de 1916. Aunque grabó más de medio centenar de discos de larga duración, en La Habana, hay registros en vivo de emisoras de los años 5O con la orquesta dirigida por  Enrique González Mantici que aún no se consiguen como discos. Murió en condiciones poco dignas de su recorrido artístico en Miami el 13 de diciembre de 1986. Las nuevas generaciones de colombianos no conocen esta voz que aún sobrecoge al escucharla.

¿Alguien sabe que Juan de Luque o Eduardo Medrano son nuevos compositores de importancia que requieren el estímulo del reconocimiento, la remuneración justa y el contacto con un amplio público? Ese desconocimiento origina que muchos artistas del canto y la composición como María Isabel Saavedra hayan tenido que emigrar buscando mejores ambientes a Miami, gran imán despiadado que se nutre del talento latinoamericano.

Si hablamos de salsa, hay otro panorama. Cuando todos esperábamos que surgiera una corriente fresca de la salsa colombiana por Cali o Barranquilla, Bogotá nos ha sorprendido con más de una docena de nuevas orquestas, integradas por jóvenes de clase pudiente o media, que se han preparado en academias , que han practicado antes los aires sajones y que ahora brindan un repertorio salsero en buena parte original, sin atarse a las condiciones de los sellos discográficos, pues mantienen su autonomía grabando y vendiendo por sus propios medios.

A la cabeza de la popularidad está La 33, pero le siguen La Conmoción, La Real Charanga, Calambuco, Salsamonte, Kinbawue, La Banda, Charanga La Cósmica, Charanga de la Candela, entre otros .En Medellín ha brotado la más renovadora y seria generación que explota los aires nacionales y de la música de los litorales, con su vanguardia musical representada en grupos como Siguarajazz, Puerto Candelaria y especialmente la banda La República, que dirige Juan Diego Valencia, mientras el país, manipulado, nada sabe de esas prometedoras agrupaciones juveniles.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.