¿Nos engañan las mujeres con el tamaño real de sus tetas?

¿Nos engañan las mujeres con el tamaño real de sus tetas?

Si usted quiere saber qué estrategias usan las mujeres para agrandar sus tetas, María Inés McCormick se las revela.


Tener o no tener, esa es la cuestión. Desde la pubertad, las mujeres comenzamos a obsesionarnos con el tamaño de las tetas. Andamos en la eterna búsqueda de la talla perfecta que está en algún lugar entre los mamoncillos y los melones. Antes de la aparición de Eva Herzigova y su famoso wonderbra que levanta a los caídos, une a los separados y engrandece a los pequeños, la falta de materia prima para rellenar el brasier tocaba solucionarla con remedios caseros. ¿Cuántas jovencitas no dejaron volar su imaginación y fabricaron teticas postizas con toallas higiénicas, medias viejas, hombreras, esponjas amarillas de cocina, algodón y papel toilette.

Sin embargo, la magia tiene su precio y la voluptuosidad engañosa desaparece tan pronto el brasier push-up sale volando. Entonces les dimos la bienvenida a las cremas de dudosa composición y acogimos gustosas las pastillas de estrógenos probadas en ratones, las dietas de hinojo y los ejercicios pectorales. Aprovechándose de nuestros complejos y frustraciones, las diosas de las televentas no tardaron en seducirnos con los tratamientos en frío, la estimulación con electrodos y la succión de las bombas al vacío. Como era de esperarse, las únicas que crecieron fueron las billeteras de los vendedores. Frágiles y despechadas, algunas mujeres llegaron hasta el quirófano esperanzadas en la promesa del cirujano, que les aseguraba haber encontrado esa media naranja de silicona que les hacía falta para sentirse completas.

A las mujeres nos cuesta estar satisfechas con el tamaño de nuestras tetas. Resulta irónico, pero mientras los hombres fantasean con naufragar en medio de un par de senos jugosos y opulentos, nosotras nos acomplejamos si comenzamos a atraer más miradas de las deseadas. Y es que esconder las tetas es más difícil que mostrarlas. ¿Cómo atajar esas mamas poderosas que amenazan con desbordarse arrastrando a su paso cremalleras y botones? Aunque a los señores les suene a sacrilegio, existen brasieres reductores capaces de disimular lo que Dios nos dio en varias tallas y de camuflar unos potentes 40B en unos coquetos 38C. Sea como sea, grandes o pequeñas, el encanto de las tetas está en la mano del que las aprieta.

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