El mundo sería un lugar mejor si la gente culeara con la misma naturalidad con la que va a comer o a cine.

—¿Hola Andrea, qué va a hacer hoy? Es que tengo una calentura la hijuemadre, camine a ver la última de Scorsese y después a tirar.

—No, no puedo, tengo el grado de mi hermano, pero mañana podría ser, ¿me llama?

A la gente le gusta culear tanto o más que comer o ir a cine, pero aún no llega al punto de tener un diálogo así, y menos uno donde se diga que la calentura es tal que es mejor dejar la de Scorsese para otro día. Damos regalos, pronunciamos palabras y tomamos trago cuando lo que más queremos es copular. "Así es la vida", decimos como excusa, cuando en realidad la vida es lo que uno hace de ella. Ahí están los noruegos, reprimidos ratones de laboratorio; un estudio dice que son los que más sexo casual tienen, y al mismo tiempo los más insatisfechos en la materia.

Porque el sexo casual con un desconocido trae vacío y soledad después del orgasmo, lo bonito del sexo es tenerlo con las amigas de siempre, con las que uno ha ido a paseos, fiestas de quince y funerales, a las que les ha aguantado mil tusas y las ha visto depilarse el bikini sin tener una erección, al menos una no muy evidente.

A esa mujer es a la que se le debería poder invitar a tirar como quien invita a ver películas un domingo. El mejor sexo de mi vida lo he tenido con mis novias, porque es mejor acostarse cien veces con una mujer que una vez con cien mujeres, pero hay momentos en los que uno desea tirar sin desgastarse emocionalmente, es ahí cuando las amigas cobran más valía de la que ya tienen.

No hay primera cita, no se está obligado a ser inteligente, simpático, amable, ingenioso, no hay que invitar como si se ganara en libras esterlinas. Porque esa es la otra, para culear no se necesita plata, pero nuestra cobardía lo ha convertido en un plan carísimo. ¿Cuánto tiempo y dinero invierte un hombre para que una mujer se lo dé por primera vez?

Medio camino hacia la cama está andado a punta de años de charlas y confesiones, sexuales y de las otras; la amiga es un amigo con tetas con la que en vez de jugar fútbol y tomarse una gaseosa, se juega al papá y a la mamá y ella termina tomándose otra cosa. Y lo mejor es que no hay trauma pospolvo. Con una novia hay que arruncharse así uno no quiera, a una desconocida muchas veces dan ganas de llamarle un taxi; con una amiga, para decir adiós basta un ambiguo abrazo fraternal y un "gracias por todo", medio en chiste, medio en serio (siempre es bueno cerrar con una sonrisa hasta la próxima vez, que nunca se sabe cuándo será). Y algún día, años después, con dosis de madurez y algo de desfachatez, podremos presentarles a la mujer que algún día será nuestra esposa, e incluso invitarlas al matrimonio, sin que eso signifique un problema para ellas.

Pero todo es una quimera y ese plan que parecía perfecto termina fracasando porque la psicología femenina no soporta el sexo casual con un amigo. La mujer de hoy es independiente, sueña con irse de la casa así no esté casada, le gusta Sex and the City y desearía vestirse tan bien y ser igual de promiscua sin que se le doblara el corazón después de cada polvo furtivo. Así pregone lo contrario, le resulta imposible entregar la entrepierna sin entregar el corazón.

Por eso la amistad, por muy cercana que sea, no aguanta una exagerada dosis de sinceridad. Por mucho que uno se quiera comer a las amigas, y en efecto se haya comido a unas cuantas, no logrará llevar a ninguna a la cama si se lo dice abiertamente. Es ahí donde uno cae en cuenta de que antes de ser amigas son mujeres; podrían acompañarnos un domingo en la tarde al cumpleaños de un sobrino, pero nos retirarían el saludo si las invitáramos a fornicar como si no hubiera un mañana.

La amistad pervive, así los amigos no se vean nunca, dice un escritor. Este remedo de tal quiere agregar que a la amistad con sexo le ocurre exactamente lo mismo; nunca se sabe en qué salida nocturna se termina enredando con la amiga con la que en los últimos años se vio mil veces pero se acostó solo una.

Un abrazo fraternal y gracias por todo.

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