Después de recibir varias cartas de lectores a los que les parece que soy “una asquerosa” se me ocurrió escribir sobre lo que la gente considera sucio en el sexo. Primero les pregunté a algunos conocidos.

Descubrí que la mayoría de hombres odian que las mujeres tengan las piernas, las axilas o los senos peludos, y que les da asco que tengan la regla. Pero, ojo, con todas esas asquerosidades venimos de fábrica. En cambio los hombres no entienden que muchas mujeres se asqueen de pensar en tomar semen o, incluso, realizar sexo oral. Digamos que en la escala de la naturalidad esta fobia es rara, pero por lo menos no le exige al otro género someterse a una tortura quincenal de cera caliente. Hay en cambio otros motivos de asco que son perfectamente entendibles. Clara, una amiga de mente muy abierta me dio una pequeña lista muy graciosa:

“Asqueroso quedarse con las medias puestas, aunque si es un freak se acepta. Sucio un man que antes de acostarse conmigo (no lo dejé después) se me acercó en pose felina, (cuatro patas) y al oído me susurró: “¡eres la número setenta y dos!” Asqueroso un man que sé que me mira y está es pensando en las clases de porno que le daban los compañeros de colegio en segundo de primaria. Un poquito asqueroso, aunque comprensible, restos de papel toilette por ahí. Antihigiénico nada, si los dos están fascinados. Todo vale si es amorosamente”.

Pero no todo el mundo es tan tolerante como Clara. Mi amigo Andrés es un maniático del orden y la pulcritud. Su mayor placer en la vida es clasificar libros por orden alfabético, fecha de publicación, corriente literaria y tamaño. Hasta en vacaciones organiza horarios de actividades diarias, en su apartamento peina la alfombra toda hacia el mismo lado y les pide a sus invitados que no arrastren los pies en el sentido inverso. A Andrés no le gusta hacerles la ‘miné’ a las mujeres. “La verdad es que me parece antihigiénico, eso todo lleno de pelos, además huele feo”.

Si ustedes están remotamente cerca de ser tan dementes como Andrés, pueden hacer lo siguiente: antes de pasar a la acción díganle a su pareja en tono erótico que si quiere tomar un baño. Pero además de pasarle una toalla entréguenle un kit con cuchilla desechable, cepillo de dientes, desodorante, talcos y corta uñas. Es imperativo que en la ducha no falte jabón antibacterial y champú anticaspa.

Pero tengan en cuenta que mucha higiene también mata la pasión, ya que parte de la diversión del sexo es la transgresión de reglas sociales.

Además, lo que nos parece sucio muchas veces no es por antihigiénico, sino porque es impuro según una moral de la que más valdría deshacerse. Por ejemplo, la estimulación anal que a los “asquerosos” nos parece una delicia, puede hacerse de forma muy higiénica si uno tiene cuidado de cortarse las uñas y lavarse las manos antes de realizarla. Pero la gran mayoría de mis amigos y amigas se niegan a ella porque les parece una cochinada. Aunque no lo crean, los hombres son los mas púdicos en este sentido. Creo que tiene que ver con su reafirmación como machos. “Por atrás es para los maricones”, me dijo al respecto un compañero de trabajo bastante conservador. La tara de los homofóbicos, así como de muchos pudorosos o asquientos, tiene que ver con una concepción de la moral en la que hay una forma natural de comportarse y una forma antinatural y aberrada. Reconocer estos cuestionables prejuicios les ayudaría a disfrutar mejor del sexo.

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