¿Son los hombres muy evidentes al mirar las tetas?

¿Son los hombres muy evidentes al mirar las tetas?

Deje de pensar que las mujeres no se dan cuenta de que usted les mira las tetas. Mejor lea este artículo y dese cuenta cómo lo ven ellas a usted.


Amigo oficinista, no es fácil ser usted. Hombre tímido, lleno de torpezas sociales, que disfruta las pequeñas cosas de la vida como ver el escote de sus compañeras de oficina para irse a la casa con un par de ideas para hacerse unas buenas pajas. Últimamente, por alguna razón que no comprende, las mujeres que lo rodean dejaron de usar escote y se muestran prevenidas ante su presencia. Sépalo, buen hombre, las mujeres siempre nos damos cuenta de cuando nos están mirando las tetas. Sí, aun cuando lo hace disimuladamente mientras firma el recibo de nómina y se recuesta, esfero en mano, sobre la mesa para subir los ojos de manera discreta y veloz. Sí, cuando lo hace de forma más obvia en medio de una reunión en la que entra la buenona de contabilidad, recién operada, y usted, sentado a la altura del escote, no puede hacer nada más sino sonrojarse porque ahí se le hundieron los ojos y no hay poder humano que los mueva de esas monumentales tetas.

Sin importar la duración, obviedad o intensidad de su mirada, nosotras siempre sentiremos la incomodidad de saber que no se nos está mirando a los ojos cuando hablamos. Por eso, tengo para usted una recomendación que le hará la vida más tranquila. Si se encuentra frente a unas tetas que no puede evadir —por ejemplo, las de su jefe, suculentas entre una blusa de botones casi a punto de reventarse—, concéntrese en un punto fijo que quede lejos del pecho y, como si fuera una bailarina de ballet o un monje budista, sostenga esa mirada pensando en las cosas que le falta comprar para el mercado. Si le resulta inevitable bajar los ojos, entonces, por favor, déjelos quietos. Si hay algo más incómodo que una mirada lasciva es el síndrome perrito de taxi, en el que la mirada no se decide y salta de la cara al pecho y luego a la cara y luego al pecho otra vez en cortos intervalos que parecen brinquitos ansiosos. Si va a mirar, pues mire todo lo que tenga que mirar y deléitese tranquilo, esos son los pequeños placeres que hacen de las reuniones de seguimiento de proyecto algo mucho más llevadero. 

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